EDUCAR CON
PERSPECTIVA DE GÉNERO
En un proyecto
educativo democrático, las instituciones educativas deben trabajar con
perspectiva de género, condición necesaria para poder contribuir a la
construcción de relaciones equitativas entre los hombres y las mujeres.
La educación
democrática incluye contenidos diversos, los más evidentes relacionados con la
universalidad del acceso a la educación, a las formas de organización y
funcionamiento social, a la representatividad, a la vigencia de los derechos.
Estos enfoques
no encaran el obstáculo que constituyen las inequidades de género para acceder
a una democracia entre iguales diferentes.
Es necesario
que la educación se comprometa en la tarea de eliminar los contenidos y las
prácticas sexistas de las materias y promover activamente la igualdad de
oportunidades y derechos reales para niños, niñas, adolescentes, mujeres y
hombres.
“Una sociedad
más tolerante, más respetuosa y democrática exige una labor educativa orientada
a la eliminación de patrones discriminatorios.”[2]
“Una educación
para la igualdad, una educación para la tolerancia, no surge de la relación
espontánea entre educadores y educandos. No es un simple acto de “buena
voluntad”. Para que tenga éxito como pauta educativa, se requiere una labor
intelectual y emocional diferente, sensible, rigurosa y planificada. En la
práctica docente no sólo se enseña a leer y escribir, se enseña a ser, y vale
tanto lo que se jerarquiza como lo que se subestima”[3].
Para poder
iniciar este camino de cambios debemos hacer visible para nosotros/as cómo se
construyen las identidades de género, y la responsabilidad de la educación en
el proceso.
La
discriminación de las mujeres.
A pesar de las
leyes anti discriminación, la discriminación es una constante cultural. Las
mujeres de todo el mundo son discriminadas por el hecho de ser mujeres. Esto se
puede ver en el escaso acceso a la tierra y los bienes; en la sub representación femenina en las cúpulas
de las organizaciones (iglesias, estado,
partidos políticos, sindicatos); en el mundo del trabajo, donde campea la segregación por género, todavía hay
tareas consideradas femeninas (educación, salud,) , que son las menos remuneradas, y las más técnicas y mejor remuneradas son consideradas
masculinas .
Esto está
determinado por la vigencia mundial del patriarcado, forma de organización que
adjudica a lo masculino mayor valoración, y consecuentemente privilegios, que a lo femenino. La ideología
patriarcal se transmite y se consolida en la práctica, a través de la
socialización de género. Todos socializamos, la familia, la escuela, los medios
de comunicación, las instituciones, todos sumamos a la formación de las
personas. Todos tenemos responsabilidad en la transmisión de contenidos estereotipados,
en particular acerca de los roles de género y las relaciones entre los géneros.
De generación
en generación, los niños y niñas aprenden a creer que son naturales cosas que
no lo son: que para las niñas lo
importante es que sean afectuosas, obedientes
y tolerantes, pero no tanto que sean activas, inteligentes y decididas. Y para
los varones, lo inverso.
Hay estudios
que muestran que en las escuelas se asignan tareas consideradas más importantes
a los niños que a las niñas, que sus profesores/as les prestan más atención,
que se les reconocen más sus logros y que se los estimula más que a las
niñas.[4]
En la
literatura infantil, escolar y recreativa, los niños son presentados como
líderes, jefes, o realizando trabajos remunerados (en el mundo público) y las
mujeres en tareas de menor jerarquía y en
trabajos vinculados a lo doméstico.
Si analizamos qué juegos
impulsan los docentes, vemos que pocas veces se trata de promover juegos de competencia, estrategia, expresivos, de coordinación, en los que participen ambos
sexos. Se mantiene firme la tradición
de que los niños jueguen al fútbol y las niñas a las muñecas o que simplemente
los miren jugar, ocupando el lugar que queda libre, con lo que se contribuye a
reafirmar los estereotipos de género y la consiguiente desigualdad.
Es prioritario educar con
perspectiva de género para eliminar las inequidades y acercarnos a la igualdad
de derechos para mujeres y hombres.
El concepto de género habla de una construcción
social de lo masculino y lo femenino, y los roles que se adscriben socialmente
a los sexos. El rol de género se forma con el conjunto de normas y
prescripciones que dicta la sociedad y la cultura sobre el comportamiento
femenino y masculino. Es decir que no
son naturales, son aprendidos, y como producto social que son, son
variables en el tiempo y en el espacio.
Incluso en el Uruguay, tan reacio a los cambios, los roles de género vienen
siendo modificados por la fuerza de las cosas: las mujeres trabajan, mantiene a
su familia, son jefas de hogar, viven sin pareja, algo impensable hace unos
pocos lustros.
Si vemos
que la mujer no está concentrada
exclusivamente en actividades del hogar, si sabemos de la invisibilidad que
pesa sobre otras actividades realizadas
por mujeres, tanto en el área productiva como en la participación social, si
sabemos también de la invisibilidad de
la labor del varón en el hogar, es absurdo insistir en mostrar una rígida
división del trabajo según género, que falsea los hechos y fortalece los
estereotipos y los prejuicios.
Mirar la educación con perspectiva de género pone
en evidencia las inequidades y los privilegios
que marcan a las personas desde el punto de arranque, las exigencias que
empobrecen a niñas y niños encerrándolos en los moldes del género,
impidiéndoles desarrollar sus potencialidades como humanos/as.
ALGUNAS
DIMENSIONES A TENER EN CUENTA PARA APLICAR LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN EL
TRABAJO EDUCATIVO
3 Serrano Madrigal, Ester, Guía para introducir la perspectiva de
género en los Proyectos de trabajo con
niñas y niños, Programa Mujer, Justicia y Género, Costa Rica, 1995.
VIOLENCIA DE GÉNERO, VIOENCIA EN LA
ESCUELA, VIOLENCIA DOMÉSTICA.
3 ramas del
mismo árbol.
La asimilación
de las diferencias biológicas como diferencias de género, conlleva diferencias
en cuanto a roles, tareas, espacios sociales, derechos, responsabilidades y
potencialidades.
La diferencia
se transmuta en desigualdad y
relaciones jerárquicas, basadas
en la desvalorización y la subordinación de lo femenino a lo masculino. La
socialización de género conlleva para los varones el derecho y la obligación
de preservar el “orden social natural” y habilita la violencia de género. Esta
no se dirige únicamente a las mujeres, también hacia otros varones , y se
expresa en desprecio, insultos y descalificación de todo los que no se ajusta
al modelo de la masculinidad
hegemónica, en una amplia gama de actitudes misóginas, tan bien mostradas en
las relaciones entre Tobi, la pequeña Lulú, y sus amigos/as.
Niñas bonitas y
delicadas, varones seguros y dispuestos a pelear por lo suyo.
La historieta
es vieja, pero el presente la reedita en la escuela, en la calle, en los
medios, en la casa. Los niños y las
niñas crecen en un mundo que desvaloriza lo femenino y privilegia la
experiencia y la opinión masculina. Y lo más cómodo y posible es ajustarse al
modelo, cuando por otra parte el apartamiento del modelo es sancionado, por lo
menos con crítica social.
La escuela y el
liceo tienen las oportunidades y la responsabilidad de incidir hacia formas de
convivencia justas y democráticas, que irradien en la familia y en las
relaciones afectivas de las personas a quienes se educa. Recordemos otra vez
que educar no es lo mismo que instruir, y que estamos pensando en instituciones
educativas.
ALGUNOS
INSTRUMENTOS EDUCATIVOS PARA
PREVENIR LA
VIOLENCIA DOMÉSTICA.
el
interés, la valoración y el respeto por el entorno social.
Luis Bonino, en
su artículo “Violencia de Género y Prevención” [5]propone
algunas estrategias específicas en el ámbito educativo, para prevenir la
violencia de género y la doméstica. pág. 207
Se puede
discrepar con alguna de estas medidas, o pueden parecer inaplicables por
instituciones educativas a las que se exige que enseñe tantas cosas en tan poco
tiempo y con tan pocos medios.
Estas carencias
no eximen al sistema educativo del deber de educar para la vida, por el
contrario, lo obliga a desarrollar capacidades diferentes para atender la
función. Quizás tengamos que posponer el desarrollo de programas específicos
por razones de pobreza e insuficiencias presupuestales, pero no sus contenidos
ni sus objetivos, que pueden ser desarrollados
en la práctica , en paralelo con los programas formales. La equidad
de género no se decreta, se enseña y se aprende vivencialmente.
El espacio
educativo constituye una plataformas de encuentro, aprendizaje, reflexión y
crecimiento personal, hacia el desarrollo como personas libres , sujetos
activos, no meros receptores de las decisiones y orientaciones de la dinámica
social.
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