Montevideo, setiembre 15 de 2006.

                                  

                               Resulta inexcusable la presencia de la literatura en la currícula de la educación media, tal como ha sido propuesta en la Comisión de Bachillerato de la A.TD.. La Asociación de Profesores de Literatura del Uruguay, aportando al debate educativo plantea  las siguientes reflexiones:

 

                        “La disciplina posee el riquísimo potencial de un cuerpo docente formado en una tradición de sesenta años, cuya especificidad en la enseñanza literaria se dirige a la construcción de espacios de reflexión y acción sobre el papel del lenguaje en la construcción de los social y humano, los procesos de conocimiento, la interacción social y, sobre todo, la representación de la realidad.

 

                        La sociedad uruguaya ha hecho durante años una inversión muy importante en la formación de estos Profesores  “quienes, junto con su formación específica en el Instituto de Profesores “Artigas” y, mejor, como parte de ella, reciben una importante capacitación en Lingüística y Teoría Gramatical, por lo que resultan formados para el manejo de la lengua poética en su función gramatical y como código estético estructural y semiótico de la obra literaria, en la cual el idioma adquiere su plenitud expresiva”.

 

                        El informe de CEPAL de 1992, muestra una gran inquietud por la incapacidad del joven para redactar un texto. En este aspecto cabe destacar que es especialmente en la enseñanza de la Literatura donde sistemática y gradualmente,  se propone y exige al adolescente la construcción de textos que implican análisis y ordenamientos en estructuras lógicas. Esa elaboración supone una organización del texto en el que se debe demostrar no solo conocimiento  de  la  obra   estudiada  sino  una  fase de análisis personal.

 

                        La fundamentación  de  esa elaboración personal requiere precisión en el manejo del lenguaje pues, como dice Piaget, “cuanto más refinadas son las estructuras del pensamiento, más necesario es el lenguaje para el perfeccionamiento de su elaboración.”  (“El lenguaje y la lógica de proposición”, en Seis Estudios de Psicología, pág. 142; también citado en Informe CEPAL de 1991). Esta práctica de interpretación y análisis es similar a la que debe ejercer el estudiante en forma permanente frente a la diversidad de mensajes del mundo en que vive.

 

                        Debe haber un equilibrio entre las asignaturas llamadas “instrumentales”, las científicas y las artísticas. Con respectos a estas últimas debe señalarse que el arte en sus distintas manifestaciones no se reduce a la expresividad individual. La observación, análisis e interpretación de las obras de arte permiten que el estudiante vaya incorporando poco a poco a su esquema referencial las cosmovisiones acumuladas durante milenios y que están en el sustrato de nuestra cultura.

 

                        No solo  los grandes artistas son creativos y capaces de fantasía; no se concibe a un científico sin imaginación, ni tampoco a un obrero sin capacidad creadora.

 

                        La Literatura juega un importante papel a la hora de promover un “espíritu global” mediante las singulares oportunidades que ofrece para la apreciación de las distintas formas en las que las culturas ejercen su influencia y determinan las experiencias vitales que son comunes a toda la humanidad. Favoreciendo el desarrollo de las actitudes de tolerancia, empatía y verdadero respeto por las perspectivas distintas a las suyas. Como dice Salma Jayyusi,  “Una de las formas más eficaces y humanizantes con la que gentes de culturas diferentes pueden acceder a las experiencias y preocupaciones mutuas es mediante obras de valor literario”. (“The Literature of Modern Arabia”).

 

                        La Literatura influye en el proceso de perfeccionamiento sin límite de la persona en todas sus dimensiones para que comprenda objetivamente al mundo que la rodea, para capacitar al alumno hacia el enriquecimiento de su propia personalidad en base a la creatividad y el hábito de aprender continuamente. Es así que promueve los principios básicos de:

 

                        Aprender a ser: Se pretende que el alumno se construya a sí mismo, re-elabore sus pautas de interpretación de la  realidad y avance en el logro de su autonomía. Es el punto central en el proceso de su desarrollo tanto como persona y como estudiante.

 

                        Aprender a aprender: Implica que el alumno comprenda el valor del aprendizaje, abandone las prácticas memoristas, relacione lo que previamente ha aprendido y elabore su propia visión. La investigación es una actividad fundamental de reconstrucción del conocimiento.

 

                        Aprender a hacer: El desarrollo de las habilidades del pensamiento permite al alumno la aplicación de los aprendizajes logrados y lo convierten en un agente activo del proceso educativo.

 

                        Aprender a convivir: Es la base fundamental de todas las relaciones humanas; por lo tanto, el trabajo debe desarrollarse en un clima de cordialidad y respeto que estimule la participación crítica y creativa del estudiante.

 

                        Con respecto a las competencias, el texto literario, la lectura, la comprensión, reflexión, análisis, exposición oral y construcción de discursos en forma colectiva y personal, fortalecen los contenidos cognitivos, procedimentales y actitudinales de los estudiantes, permitiendo configurar el perfil de un alumno capaz de:

 

                         Las estrategias didácticas y los recursos empleados por los docentes son objeto de permanente revisión y actualización, como lo demuestran  los numerosos cursos, seminarios dictados tanto en el I.P.A. (cursos de verano), como en la propia sede de la Asociación, junto con los  últimos congresos, cuyos temas centrales han sido la Didáctica en la Literatura.

 

            Como síntesis de la concepción de la necesidad de la enseñanza de Literatura en el tronco común de los bachilleratos y una presencia en los específicos, adjuntamos fragmentos del discurso de Ingreso del Profesor Ricardo Pallares a la Academia Nacional de Letras, leído el 21 de junio de 2000:

 

 …“En   el  fondo   se   trata   de    lo   planteado  por   la antropología cultural y la pedagogía en  cuanto a  la trasmisión selectiva del pasado y de la tradición, a efectos de que lo meramente reproductivo se equilibre con la acción innovadora y creativa.

                        Estas figuras estructuradoras son partes de lo que se trasmite, de lo que se reproduce y, al mismo tiempo - al modo y semejanza de la educación formal -, son arte y parte en lo que se filtra o descarta porque suponen axiomas, llevan consigo un conjunto de valores y de principios evidentes.

                        Vale trasmitir lo estructurante, lo que sostiene y da identidad, es decir, lo que luego permite el cambio y la creatividad desde el centro mismo de la persona madura.

                        Hacer otra cosa conduce seguramente a una contraeducación, o al mero disciplinamiento y a la sustitución de la realidad que hace el discurso hegemónico”…

                        A través de la literatura se aprende rápidamente que el concepto de hombre tiene mucho de metáfora de su realidad y que esa realidad se espeja en la conciencia mediante el lenguaje. Si el lenguaje es vehículo figural, enseguida se plantea el asunto de la validez de lo espejado en relación a lo que espeja,  que es de lo que verdaderamente se trata. También se plantea el asunto de qué hay o qué se instala en la brecha entre lo real y lo espejado.

                        Creemos que la literatura nos responde, a través de la creación de universos imaginarios de lenguaje, - es una opinión - que en esa brecha se instala un deber ser moral, o una ética de la acción, o los valores, sean cuales fueren los de referencia. Y a veces nos responde inventando historias y componiendo imágenes que suponen la ausencia de tales requerimientos, o que muestran cuestiones horribles porque horrible es, a veces, el espectáculo que brindamos los hombres en la sociedad humana”…

                        “Muchos   de  nuestros  mayores  enseñaban  que  toda  la literatura habla nada más que de tres temas: la vida             y el amor, el tiempo, y la muerte. Que toda obra, sea cual fuere su género, forma, variante, estilo, propósito, estética, sentido, concepción, belleza, o época, si bien se la lee, en el fondo, habla únicamente de uno o algunos de esos tres grandes temas.

                        Nunca estuvimos enteramente convencidos de ello. Siempre sentimos que el único gran tema inacabable de la infinita literatura es el hombre por crear entre todos los hombres, en cada nucleamiento particular de la sociedad humana”…

                        “La literatura da la palabra, entrena en el soñar para que nos nazca un sueño, instala en el sujeto la necesidad de sus propias palabras y trabaja incansablemente para que en los lectores-destinatarios surjan los semejantes del autor.

                        De manera similar, la enseñanza entrena en la palabra para desarrollar sujetos de aprendizaje con creatividad - que es una variante del soñar despierto - y entrena para que el otro se desarrolle como uno de nuestros semejantes.

                        Pero una y otra - literatura y enseñanza -, nacidas de estros diferentes, dotadas de eros distintos aunque homologables, para poder crear o ayudar al surgimiento de nuestros semejantes, crean simultáneamente a nuestros diferentes. Para el creador como para el docente, dar el ser con sentido es darle la diferencia.

                        A veces pensamos que la palabra de la ciencia, la palabra poética - en su amplio sentido literario -, la educativa y la palabra médica tienen en común una fuerza que ilumina o fulmina.

                        Hacer literatura es, pues, una acción como otras. Profesarla, también”…

                        “El profesor con los estudiantes, dan la letra y, eventualmente, las palabras. La comunidad y la memoria cultural colectiva dan el sentido de la relación que se establezca entre ellas. Pero es finalmente una síntesis personal e intransferible la que da  el conocimiento, aquello que no se olvida y que suele no preguntarse en las pruebas de evaluación estandarizados. No porque los estudiantes lo ignoren sino porque quienes hacen las formas o formularios no saben de qué se trata. Son términos y estadios de calidad de vida humana asociada y de existencia asumida.

                        Dar la palabra en situación de enseñanza tiene algo de  lo trascendente - aunque desacralizado - porque es participar de un acto de creación. Al menos de la autosocio-construcción de la persona. Dar y tomar la palabra en estas condiciones es integrarse a los soplos en el aire y dar participación en el misterio del lugar donde nace el viento. Es aprender que somos, según decir de Sófocles, un soplo y una sombra.

                        La literatura es una gran propuesta, una gran empresa, una tarea incansable que da máquina a las energías interiores en procura del nacimiento de la palabra en el lector, en procura de un hablar autónomo en el trámite de la configuración del sentido y del otro.

                        En tal proceso, las caras - nuestras caras - aparecen  a medida que caen las cáscaras y las máscaras. Entonces uno sabe quién es, qué desea, qué piensa, qué hará.

                        Asimismo la literatura funda comunidad humana desde que propicia la multiplicación del yo, y la trasmutación de ese yo en un tú.

                        La literatura como la enseñanza de ella y toda otra enseñanza responsable, ofrecen la posibilidad de que la palabra dicha sea otra vez y siempre, un documento. Solo que un documento impreso en la tela del alma.

                        Es así que toda docencia responsable también es una forma de la decencia.

                        Por estas razones la literatura y la enseñanza tienen la posibilidad de educar, son una acción libre, respetuosa, tolerante, solidaria, comunitaria, en la que se instala la posibilidad de que todos seamos simplemente felices y sencillamente creadores.

                        Si el escritor se cumple en la escritura, el lector se cumple en el sentido. Los mancomuna la literatura, que es una chispa, un salto de energía, un trascendido, una transustanciación.

                        En la mitad de ese camino singular de la vida virtual de la palabra artística - escrita y oral - se sitúa la palabra del docente que es sucedánea de la obra y tributaria del ser, de la personalidad en ciernes.

                        La palabra docente de la que hablamos es una palabra en acción, portadora de acción; es una palabra del sujeto que no sujeta porque procura a otro sujeto. Procura trascender en términos de una originalidad que hallará cabal cumplimiento en un luego correspondiente al tiempo de otro.

                        De este modo si toda la literatura es, en cierto sentido o manera, una propuesta o enseñanza, toda lectura es una especie o manera de aprendizaje.

                        Por extensión, la lectura, en tanto que aprendizaje, es mucho más u otra cosa distinta en relación a lo escrito. Pero la lectura nunca es menos ni exactamente lo mismo que lo escrito.

                        Por lo dicho anteriormente, la literatura se parece a la enseñanza de la literatura y a toda enseñanza verdadera: ambas son liberadoras  porque ponen en ejercicio la libertad del sentido, la libertad de lo sensible, la libertad del pensamiento y sus libres asociaciones, la libertad de la esperanza y el arbitrio aparente del misterio”…

                        “Tengamos presente, de paso, que vocación en su etimología y en latín - vocatio-onis - supone “acción de llamar”; la vocación es un llamado a una acción peculiar.

         La literatura y la enseñanza son implicadoras, inclusivas, porque también tienen, a su vez, vocación de “llamar”. Son grandes rastreadoras parabólicas que apuntan a los universos posibles del ser y lo ponen en situación. Estar en situación - que siempre es básicamente racional - es un estar activo, es una humildad en la voz propia.

                        La literatura y la enseñanza intercambiando voces y actitudes, llaman para que los ojos no miren simplemente a los textos sino para que los vean y sientan su relieve. Esta faceta del accionar incluye a toda clase de textos - como ya dijimos hace un momento - incluso a los no literarios porque ellos pueden estar en el sedimento de futuros procesos de enriquecimiento y madurez.

                        En el mito, el canto órfico “llama” o atrae a todos los seres de la naturaleza con su belleza melodiosa y su misterios. Entonces, la enseñanza, que no tiene sonido propio aunque tenga rasgos de arte y rasgos de ciencia, para llamar en el sentido en que quedó dicho - renovando siempre su encanto - tiene la posibilidad de suscitar las resonancias nuevas del viejo canto de Orfeo, que es un canto de amor.

                        Si es como los profesores podemos aproximar las fronteras de lo real y lo cultural, de lo existente y de la imaginación pura, así es como podemos hacer de la enseñanza una educación y del pasado una fuente de creación renovadora”…

                        “Nosotros conocemos las condiciones de carencia socio- cultural, de la realidad de establecimientos con mayorías que tienen necesidades básicas insatisfechas, la deserción, la repitencia, el ausentismo, conocemos el efecto pernicioso del “corrimiento hacia delante” de fines y objetivos que aligera los contenidos o los banaliza hasta el sin sentido. Conocemos el esfuerzo y sufrimos los obstáculos muchas veces insalvables que enfrentamos los docentes, las postergaciones y la desprofesionalización.

                       

                        (Extracto  del documento elaborado en el 2002  como fundamentación de la existencia de la literatura como asignatura del currículo de enseñanza media  y publicado en el boletín No 29 de la APLU.)

 

                        Además de lo señalado con respecto a la educación media, APLU  señala en cuanto a la educación terciaria la necesidad de la reincorporación de la asignatura en los estudios magisteriales. La literatura ocupó un lugar importante en éstos desde su fundación, al punto que aún hoy hay maestros que recuerdan los cursos que dictaba allí Paco Espínola. En los inicios de la restauración democrática la sala de docentes a instancias del CODICEN presidido por Pivel  Devoto redactó nuevos programas que incluían un trimestre dedicado al estudio de la literatura para niños. La respuesta de ese CODICEN fue la supresión de la asignatura. Es imperativo reimplantar esa enseñanza    a fin de que los futuros maestros establezcan una relación más amplia y profunda con aquellos textos en los cuales la lengua comparece en sus más altas creadoras funciones.

 

                        Estos son los puntos más generales que no excluyen la reflexión y el debate más profundos sobre el tema.