Resulta inexcusable la presencia de la literatura en la currícula de la educación media, tal como ha sido propuesta en la Comisión de Bachillerato de la A.TD.. La Asociación de Profesores de Literatura del Uruguay, aportando al debate educativo plantea las siguientes reflexiones:
“La
disciplina posee el riquísimo potencial de un cuerpo docente formado en una
tradición de sesenta años, cuya especificidad en la enseñanza literaria se
dirige a la construcción de espacios de reflexión y acción sobre el papel del
lenguaje en la construcción de los social y humano, los procesos de
conocimiento, la interacción social y, sobre todo, la representación de la realidad.
La
sociedad uruguaya ha hecho durante años una inversión muy importante en la
formación de estos Profesores “quienes, junto con su formación específica
en el Instituto de Profesores “Artigas”
y, mejor, como parte de ella, reciben una importante capacitación en
Lingüística y Teoría Gramatical, por lo que resultan formados para el manejo de
la lengua poética en su función gramatical y como código estético estructural y
semiótico de la obra literaria, en la cual el idioma adquiere su plenitud
expresiva”.
El
informe de CEPAL de 1992, muestra una gran inquietud por la incapacidad del
joven para redactar un texto. En este aspecto cabe destacar que es
especialmente en la enseñanza de la Literatura donde sistemática y
gradualmente, se propone y exige al
adolescente la construcción de textos que implican análisis y ordenamientos en
estructuras lógicas. Esa elaboración supone una organización del texto en el
que se debe demostrar no solo conocimiento
de la obra estudiada sino
una fase de análisis personal.
La
fundamentación de esa elaboración personal requiere precisión
en el manejo del lenguaje pues, como dice Piaget, “cuanto más refinadas son las
estructuras del pensamiento, más necesario es el lenguaje para el
perfeccionamiento de su elaboración.”
(“El lenguaje y la lógica de proposición”, en Seis Estudios de
Psicología, pág. 142; también citado en Informe CEPAL de 1991). Esta práctica
de interpretación y análisis es similar a la que debe ejercer el estudiante en
forma permanente frente a la diversidad de mensajes del mundo en que vive.
Debe
haber un equilibrio entre las asignaturas llamadas “instrumentales”, las
científicas y las artísticas. Con respectos a estas últimas debe señalarse que
el arte en sus distintas manifestaciones no se reduce a la expresividad
individual. La observación, análisis e interpretación de las obras de arte
permiten que el estudiante vaya incorporando poco a poco a su esquema
referencial las cosmovisiones acumuladas durante milenios y que están en el
sustrato de nuestra cultura.
No
solo los grandes artistas son creativos
y capaces de fantasía; no se concibe a un científico sin
imaginación, ni tampoco a un obrero sin capacidad creadora.
La
Literatura juega un importante papel a la hora de promover un “espíritu global”
mediante las singulares oportunidades que ofrece para la apreciación de las
distintas formas en las que las culturas ejercen su influencia y determinan las
experiencias vitales que son comunes a toda la humanidad. Favoreciendo el
desarrollo de las actitudes de tolerancia, empatía y verdadero respeto por las
perspectivas distintas a las suyas. Como dice Salma Jayyusi, “Una
de las formas más eficaces y humanizantes con la que gentes de culturas
diferentes pueden acceder a las experiencias y preocupaciones mutuas es
mediante obras de valor literario”. (“The Literature of Modern Arabia”).
La Literatura influye en el proceso
de perfeccionamiento sin límite de la persona en todas sus dimensiones para que
comprenda objetivamente al mundo que la rodea, para capacitar al alumno hacia
el enriquecimiento de su propia personalidad en base a la creatividad y el
hábito de aprender continuamente. Es así que promueve los principios básicos
de:
Aprender
a ser: Se pretende que el alumno se construya a sí mismo, re-elabore sus pautas
de interpretación de la realidad y
avance en el logro de su autonomía. Es el punto central en el proceso de su
desarrollo tanto como persona y como estudiante.
Aprender
a aprender: Implica que el alumno comprenda el valor del aprendizaje, abandone
las prácticas memoristas, relacione lo que previamente ha aprendido y elabore
su propia visión. La investigación es una actividad fundamental de
reconstrucción del conocimiento.
Aprender
a hacer: El desarrollo de las habilidades del pensamiento permite al alumno la
aplicación de los aprendizajes logrados y lo convierten en un agente activo del
proceso educativo.
Aprender
a convivir: Es la base fundamental de todas las relaciones humanas; por lo
tanto, el trabajo debe desarrollarse en un clima de cordialidad y respeto que
estimule la participación crítica y creativa del estudiante.
Con
respecto a las competencias, el texto literario, la lectura, la comprensión,
reflexión, análisis, exposición oral y construcción de discursos en forma
colectiva y personal, fortalecen los contenidos cognitivos, procedimentales y
actitudinales de los estudiantes, permitiendo configurar el perfil de un alumno
capaz de:
Las estrategias didácticas y los recursos
empleados por los docentes son objeto de permanente revisión y actualización,
como lo demuestran los numerosos
cursos, seminarios dictados tanto en el I.P.A. (cursos de verano), como en la
propia sede de la Asociación, junto con los
últimos congresos, cuyos temas centrales han sido la Didáctica en la
Literatura.
Como
síntesis de la concepción de la necesidad de la enseñanza de Literatura en el tronco común de los
bachilleratos y una presencia en los específicos, adjuntamos fragmentos del
discurso de Ingreso del Profesor Ricardo Pallares a la Academia Nacional de
Letras, leído el 21 de junio de 2000:
…“En el
fondo se trata
de lo planteado
por la antropología cultural y
la pedagogía en cuanto a la trasmisión selectiva del pasado y de la
tradición, a efectos de que lo meramente reproductivo se equilibre con la
acción innovadora y creativa.
Estas
figuras estructuradoras son partes de lo que se trasmite, de lo que se
reproduce y, al mismo tiempo - al modo y semejanza de la educación formal -,
son arte y parte en lo que se filtra o descarta porque suponen axiomas, llevan
consigo un conjunto de valores y de principios evidentes.
Vale trasmitir lo estructurante, lo que
sostiene y da identidad, es decir, lo que luego permite el cambio y la
creatividad desde el centro mismo de la persona madura.
Hacer otra
cosa conduce seguramente a una contraeducación, o al mero disciplinamiento y a
la sustitución de la realidad que hace el discurso hegemónico”…
“A través de la literatura se aprende
rápidamente que el concepto de hombre tiene mucho de metáfora de su realidad y
que esa realidad se espeja en la conciencia mediante el lenguaje. Si el
lenguaje es vehículo figural, enseguida se plantea el asunto de la validez de
lo espejado en relación a lo que espeja,
que es de lo que verdaderamente se trata. También se plantea el asunto
de qué hay o qué se instala en la brecha entre lo real y lo espejado.
Creemos que la literatura nos responde, a
través de la creación de universos imaginarios de lenguaje, - es una opinión -
que en esa brecha se instala un deber ser moral, o una ética de la acción, o
los valores, sean cuales fueren los de referencia. Y a veces nos responde
inventando historias y componiendo imágenes que suponen la ausencia de tales
requerimientos, o que muestran cuestiones horribles porque horrible es, a
veces, el espectáculo que brindamos los hombres en la sociedad humana”…
“Muchos de
nuestros mayores enseñaban
que toda la literatura habla nada más que de tres
temas: la vida y el amor, el
tiempo, y la muerte. Que toda obra, sea cual fuere su género, forma, variante,
estilo, propósito, estética, sentido, concepción, belleza, o época, si bien se
la lee, en el fondo, habla únicamente de uno o
algunos de esos tres grandes temas.
Nunca
estuvimos enteramente convencidos de ello. Siempre sentimos que el único gran
tema inacabable de la infinita literatura es el hombre por crear entre todos
los hombres, en cada nucleamiento particular de la sociedad humana”…
“La
literatura da la palabra, entrena en el soñar para que nos nazca un sueño,
instala en el sujeto la necesidad de sus propias palabras y trabaja
incansablemente para que en los lectores-destinatarios surjan los semejantes
del autor.
De manera
similar, la enseñanza entrena en la palabra para desarrollar sujetos de
aprendizaje con creatividad - que es una variante del soñar despierto - y
entrena para que el otro se desarrolle como uno de nuestros semejantes.
Pero una y
otra - literatura y enseñanza -, nacidas de estros diferentes, dotadas de eros
distintos aunque homologables, para poder crear o ayudar al surgimiento de
nuestros semejantes, crean simultáneamente a nuestros diferentes. Para el
creador como para el docente, dar el ser con sentido es darle la diferencia.
A veces
pensamos que la palabra de la ciencia, la palabra poética - en su amplio
sentido literario -, la educativa y la palabra médica tienen en común una
fuerza que ilumina o fulmina.
Hacer
literatura es, pues, una acción como otras. Profesarla, también”…
“El
profesor con los estudiantes, dan la letra y, eventualmente, las palabras. La
comunidad y la memoria cultural colectiva dan el sentido de la relación que se
establezca entre ellas. Pero es finalmente una síntesis personal e
intransferible la que da el
conocimiento, aquello que no se olvida y que suele no preguntarse en las pruebas
de evaluación estandarizados. No porque los estudiantes lo ignoren sino porque
quienes hacen las formas o formularios no saben de qué se trata. Son términos y
estadios de calidad de vida humana asociada y de existencia asumida.
Dar la
palabra en situación de enseñanza tiene algo de lo trascendente - aunque desacralizado - porque es participar de
un acto de creación. Al menos de la autosocio-construcción de la persona. Dar y
tomar la palabra en estas condiciones es integrarse a los soplos en el aire y
dar participación en el misterio del lugar donde nace el viento. Es aprender
que somos, según decir de Sófocles, un soplo y una sombra.
La
literatura es una gran propuesta, una gran empresa, una tarea incansable que da
máquina a las energías interiores en procura del nacimiento de la palabra en el
lector, en procura de un hablar autónomo en el trámite de la configuración del
sentido y del otro.
En tal
proceso, las caras - nuestras caras - aparecen
a medida que caen las cáscaras y las máscaras. Entonces uno sabe quién
es, qué desea, qué piensa, qué hará.
Asimismo la
literatura funda comunidad humana desde que propicia la multiplicación del yo,
y la trasmutación de ese yo en un tú.
La
literatura como la enseñanza de ella y toda otra enseñanza responsable, ofrecen
la posibilidad de que la palabra dicha sea otra vez y siempre, un documento.
Solo que un documento impreso en la tela del alma.
Es así que
toda docencia responsable también es una forma de la decencia.
Por estas
razones la literatura y la enseñanza tienen la posibilidad de educar, son una
acción libre, respetuosa, tolerante, solidaria, comunitaria, en la que se
instala la posibilidad de que todos seamos
simplemente felices y sencillamente creadores.
Si el
escritor se cumple en la escritura, el lector se cumple en el sentido. Los mancomuna
la literatura, que es una chispa, un salto de energía, un trascendido, una
transustanciación.
En la mitad
de ese camino singular de la vida virtual de la palabra artística - escrita y
oral - se sitúa la palabra del docente que es sucedánea de la obra y tributaria
del ser, de la personalidad en ciernes.
La palabra
docente de la que hablamos es una palabra en acción, portadora de acción; es
una palabra del sujeto que no sujeta porque procura a otro sujeto. Procura
trascender en términos de una originalidad que hallará cabal cumplimiento en un
luego correspondiente al tiempo de otro.
De este
modo si toda la literatura es, en cierto sentido o manera, una propuesta o
enseñanza, toda lectura es una especie o manera de aprendizaje.
Por
extensión, la lectura, en tanto que aprendizaje, es mucho más u otra cosa
distinta en relación a lo escrito. Pero la lectura nunca es menos ni
exactamente lo mismo que lo escrito.
Por lo
dicho anteriormente, la literatura se parece a la enseñanza de la literatura y
a toda enseñanza verdadera: ambas son liberadoras porque ponen en ejercicio la libertad del sentido, la libertad de
lo sensible, la libertad del pensamiento y sus libres asociaciones, la libertad
de la esperanza y el arbitrio aparente del misterio”…
“Tengamos
presente, de paso, que vocación en su etimología y en latín - vocatio-onis -
supone “acción de llamar”; la vocación es un llamado a una acción peculiar.
La literatura y la enseñanza son implicadoras, inclusivas, porque también tienen, a su vez, vocación de “llamar”. Son grandes rastreadoras parabólicas que apuntan a los universos posibles del ser y lo ponen en situación. Estar en situación - que siempre es básicamente racional - es un estar activo, es una humildad en la voz propia.
La
literatura y la enseñanza intercambiando voces y actitudes, llaman para que los
ojos no miren simplemente a los textos sino para que los vean y sientan su
relieve. Esta faceta del accionar incluye a toda clase de textos - como ya
dijimos hace un momento - incluso a los no literarios porque ellos pueden estar
en el sedimento de futuros procesos de enriquecimiento y madurez.
En el mito,
el canto órfico “llama” o atrae a todos los seres de la naturaleza con su
belleza melodiosa y su misterios. Entonces, la enseñanza, que no tiene sonido
propio aunque tenga rasgos de arte y rasgos de ciencia, para llamar en el
sentido en que quedó dicho - renovando siempre su encanto - tiene la
posibilidad de suscitar las resonancias nuevas del viejo canto de Orfeo, que es
un canto de amor.
Si es como
los profesores podemos aproximar las fronteras de lo real y lo cultural, de lo
existente y de la imaginación pura, así es como podemos hacer de la enseñanza
una educación y del pasado una fuente de creación renovadora”…
“Nosotros
conocemos las condiciones de carencia socio- cultural, de la realidad de
establecimientos con mayorías que tienen necesidades básicas insatisfechas, la
deserción, la repitencia, el ausentismo, conocemos el efecto pernicioso del
“corrimiento hacia delante” de fines y objetivos que aligera los contenidos o
los banaliza hasta el sin sentido. Conocemos el esfuerzo y sufrimos los
obstáculos muchas veces insalvables que enfrentamos los docentes, las
postergaciones y la desprofesionalización.
(Extracto del documento elaborado en el 2002 como fundamentación de la existencia de la literatura como asignatura del currículo de enseñanza media y publicado en el boletín No 29 de la APLU.)
Además
de lo señalado con respecto a la educación media, APLU señala en cuanto a la educación terciaria la
necesidad de la reincorporación de la asignatura en los estudios magisteriales.
La literatura ocupó un lugar importante en éstos desde su fundación, al punto
que aún hoy hay maestros que recuerdan los cursos que dictaba allí Paco
Espínola. En los inicios de la restauración democrática la sala de docentes a
instancias del CODICEN presidido por Pivel
Devoto redactó nuevos programas que incluían un trimestre dedicado al
estudio de la literatura para niños. La respuesta de ese CODICEN fue la supresión
de la asignatura. Es imperativo reimplantar esa enseñanza a fin de que los futuros maestros
establezcan una relación más amplia y profunda con aquellos textos en los
cuales la lengua comparece en sus más altas creadoras funciones.
Estos
son los puntos más generales que no excluyen la reflexión y el debate más
profundos sobre el tema.