Propuesta para una
Educación Sexual Integral
Agosto 2006
Colectivo Ovejas Negras
colectivo de gays,
lesbianas, travestis, transexuales, bisexuales e intersexuales del Uruguay
www.ovejasnegras.org
1)
Introducción
Después
de años de debate y varios ensayos fallidos finalmente parece que nuestro país
va a instrumentar una educación sexual en el sistema educativo público. Por
eso, nos parece de vital importancia hacer llegar este documento a la comisión
que actualmente está trabajando sobre sus contenidos y formas de trabajo, a
efectos de contribuir a la reflexión que ya se ha iniciado.
El
retraso de nuestro país respecto a otros países del primer mundo, e incluso
latinoamericanos, es grande, pero este hecho debe ser aprovechado en el
presente a efectos de aprender de los hallazgos y cambios que han logrado
concretar otras experiencias ya consolidadas y evaluadas hace décadas.
En
forma esquemática, todas las experiencias acumuladas hasta el momento pueden
encasillarse en dos matrices de pensamiento de muy diferente signo. Una se basa
en enfoques moralistas, prejuicios, con un objetivo disciplinante, en donde se
identifica exclusivamente “sexualidad” con “reproducción”, y se pone el foco en
las consecuencias negativas del ejercicio irresponsable de la sexualidad: la
disolución de la familia, las conductas promiscuas, el embarazo fuera del
matrimonio y el contagio de enfermedades de transmisión sexual. La otra matriz
parte de la investigación e información científica para diseñar objetivos y
contenidos, en donde se considera a los sujetos seres autónomos, capaces de
tomar decisiones y reflexionar al momento de decidir su comportamiento sexual,
recurriendo a prácticas preventivas y responsables.
Suecia
fue pionera en la instrumentación de una educación sexual aplicando información
científica. De ser un país agrícola pobre, con cánones muy tradicionales y
jerárquicos, se transformó rápidamente en un estado industrial y en una moderna
democracia parlamentaria con altos estándares de vida. Las necesidades
demográficas, de producción y de salud hicieron de la sexualidad un tema
público, un aspecto que se abordaba en el parlamento, en las escuelas, en la
televisión, y que exigía cambios culturales profundos. Uno de los rasgos que le
dio consistencia a su modelo de educación sexual fue que nunca se vio como un
programa aislado sino que, por el contrario, trabajó desde 1938 cuatro líneas
de acción diferentes: el derecho a la información y el acceso a
anticonceptivos, la educación sexual desde la infancia, el derecho a
interrumpir el embarazo en ciertas situaciones, y la descriminalización de la
homosexualidad. Más tarde, otros países europeos como Holanda, Dinamarca,
Francia, Inglaterra y España instrumentaron programas de educación sexual que
siguen estos lineamientos en forma integral.
Estados
Unidos, por el contrario, puede ser tomado como un ejemplo de aplicación del
modelo moralista de educación sexual. Allí, desde principios del siglo XX el
mensaje se centró en la vida familiar y la promoción de la abstinencia sexual
hasta el matrimonio como recurso para evitar embarazos y enfermedades venéreas.
Recién en los años sesenta el desarrollo de un vigoroso movimiento por los
derechos civiles permitió la implementación de una educación sexual integral
basado en la información científica. Desde entonces y hasta la fecha, en este
país los dos enfoques sobre la educación sexual conviven en forma conflictiva.
Finalmente,
hacia mediados de los años noventa se comienza a hablar de la Salud Sexual y
Reproductiva como un derecho humano, lo que fue un paso muy importante para
legitimar el derecho de niñas, niños, adolescentes, jóvenes y adultos a vivir
una sexualidad libre, responsable e informada, con equidad de género y libre de
abuso, violencia y discriminación. Se volvió así clara la importancia de
difundir en el sistema educativo una educación sexual integral, que promoviera
la equidad entre hombres y mujeres, los valores de la responsabilidad y la
solidaridad, la importancia de la comunicación, así como difundir técnicas para
prevenir los embarazos y el VIH/ SIDA.
2)
Los beneficios de la educación sexual
Según
evaluaciones recientes, hoy se sabe que los y las jóvenes que han recibido
cursos de educación sexual logran una mejor comunicación familiar y de pareja,
aclaran sus valores personales y experimentan una mayor equidad entre los
géneros. También se produce un aumento de las prácticas de prevención de
embarazos no deseados y de VIH/SIDA.
A
veces la educación sexual despierta temor entre padres y docentes por el mito
de que difundir información sobre sexualidad y su prevención puede promover que
los y las adolescentes se involucren más tempranamente en relaciones sexuales.
En casi todo el mundo, la mayoría de jóvenes inician su actividad sexual
durante la adolescencia, y se ha encontrado que a mayor educación e
información, el inicio es más tardío. En los países y regiones más pobres y con
menor escolaridad, la vida sexual se inicia más tempranamente, mientras que en
aquellos en los que se instrumenta educación sexual el promedio de edad es más
alto. Así lo confirman las investigaciones realizadas en esta temática:
mientras países como Alemania tienen una edad promedio de inicio de 17 años y
Holanda una de 17, 7; en América Latina ésta baja a 15, 5 años[1]
[2].
Además
en los Estados Unidos, al existir ambas modalidades de educación sexual, se han
podido evaluar los diferentes efectos de cada una de ellas. Los y las
adolescentes que han participado en los cursos que solamente promueven la
abstinencia sexual inician la vida sexual antes del matrimonio y a la misma
edad promedio de quienes participaron en cursos integrales de educación sexual,
pero son jóvenes que no recurren al condón ni a los anticonceptivos porque
dudan de su eficacia, presentan mayores riesgos para adquirir el VIH/SIDA y
para vivir embarazos no deseados. Según los datos más recientes, en Estados Unidos solamente un 7 por ciento de
hombres y 20 por ciento de las mujeres llegan vírgenes al matrimonio[3].
El
embarazo adolescente conlleva riesgos para la salud de la madre y de su
descendencia y limita el desarrollo personal y las trayectorias de vida de los
y las jóvenes. En los países donde las jóvenes tienen más escolaridad, más
información y mayor acceso a servicios de anticoncepción, las tasas de embarazo
son menores. Un análisis comparativo resulta más que revelador: en México, por
ejemplo, la tasa de embarazo adolescente (por cada 1000 mujeres de 15 a 19
años) es de 70, en Estados Unidos de 52, mientras que en Alemania es solamente
de 4.
3)
El Estado y la Educación Sexual
Es
frecuente escuchar a algunos sectores minoritarios oponerse a la educación
sexual con el argumento de que esta pertenece al ámbito de lo privado, debiendo
ser impartida exclusivamente por los padres en ejercicio de los derechos y
obligaciones derivados del régimen de patria potestad contemplado en nuestro
Código Civil.
Si
bien el régimen de patria potestad consagrado en el Código Civil establece el
derecho de los padres de velar por la salud física y espiritual de sus hijas e
hijos, así como de formarlos en concordancia con sus convicciones morales y
religiosas, nuestro país ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño,
que reconoce el derecho de éstos a la libertad de opinión (Art. 12), a recibir
información (Art. 13), a la libertad de pensamiento, creencia y religión (Art.
14) y a disfrutar en el más alto nivel posible de salud y de servicios para el
tratamiento de las enfermedades y rehabilitación de la salud (Art. 24), lo que
incluye el derecho humano básico a la educación sexual.
Es
decir, negarles la posibilidad de recibir información, prevenir un embarazo no
deseado, evitar la transmisión de enfermedades y acceder a otros servicios
porque el Código Civil los considera impúberes con incapacidad absoluta, es
violar principios que nos enfrentaría a situaciones en las que justamente se
viola el interés superior del/la menor.
El
hecho que en la enseñanza formal se aprehenda a la educación sexual desde la
diversidad de sus dimensiones, muy lejos está de ser un “desvío” que condiciona
a “nacientes sexualidades” en favor de una “cultura antinatural”. Simplemente
sería darles a los estudiantes la posibilidad de elegir, la posibilidad de
tomar conciencia, en definitiva, la posibilidad de ser libres.
La
educación sexual debe estar presente en las aulas uruguayas porque este
constituye un ámbito "irreemplazable, necesario y a la vez
complementario" para "el tratamiento científico y cuidadoso de
temáticas de relevancia en la formación de niños/as y jóvenes y el respeto de
sus derechos".
4) Los
objetivos específicos
En
nuestra sociedad hay una gran ambivalencia frente a la educación sexual, un
gran interés por saber más, pero cierta resistencia a hablar directamente del
tema. Esta actitud es, en parte, resultado del desconocimiento sobre los
beneficios de la educación sexual y también, del miedo que los seres humanos
sentimos ante la posibilidad de caer en situaciones que no podamos manejar.
Las
generaciones anteriores crecieron rodeadas de silencio, de ignorancia, de
tabúes y prejuicios. Entre ensayos y errores aprendieron como vivir la
sexualidad, cómo hacer de la vida sexual una fuente de alegría y no de temores,
y cómo crear un ambiente de equidad sexual. Pero el recorrido vital en muchos
casos, desafortunadamente, no ha sido para nada exitoso.
En
el documento “Promoción de la salud sexual. Propuestas para la acción”
(Guatemala, 2000), respaldado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la
Asociación Panamericana de la Salud y la Asociación Mundial de Sexología, se
aborda la sexualidad como una dimensión fundamental de los seres humanos, ya
que ésta se practica y expresa en todo lo que somos, sentimos, pensamos y
hacemos.
El
objetivo principal de la educación sexual es promover la salud sexual. En 1975,
la OMS definió la salud sexual como “la integración de los aspectos físicos,
emocionales, intelectuales y sociales de un ser sexual, de maneras
positivamente enriquecedoras y que realzan la personalidad, la comunicación y
el amor... todas las personas tienen el derecho a recibir información sobre la
sexualidad y considerar la aceptación de las relaciones sexuales tanto por
placer como con fines de procreación”.
Por
ello la educación sexual debe perseguir cuatro metas principales: proporcionar
información científica precisa sobre la sexualidad humana, generar un espacio
de reflexión sobre las propios comportamientos sexuales y promover en el
individuo destrezas interpersonales (toma de decisiones, negociación, y
asertividad) y conductas responsables en su vida sexual presente y futura.
El
documento de la OMS precisa que “La salud sexual se observa en las
expresiones libres y responsables de las capacidades sexuales que propician un
bienestar armonioso personal y social, enriqueciendo de esta manera la vida
individual y social. No se trata simplemente de la ausencia de disfunción o
enfermedad o de ambos. Para que la salud sexual se logre es necesario que los
derechos sexuales de las personas se reconozcan y se garanticen”.
La
educación sexual debe promover en definitiva una variada gama de derechos hasta
el momento minimizados e ignorados por el sistema educativo formal: el derecho
a la libertad sexual, a la autonomía, integridad y seguridad sexual del cuerpo,
a la privacidad, equidad y placer sexual, a la expresión emocional, a la libre
asociación sexual, a la toma de decisiones reproductivas libres y responsables,
así como fomentar el derecho a la información basada en el conocimiento
científico a través de una educación sexual integral y el derecho a una
adecuada atención de la salud sexual.
5)
Sobre los contenidos y las posibles aproximaciones
¿Qué
conceptos claves deben ser enseñados en la educación sexual? El programa debe
incluir a los/as alumnos/as de todos los niveles educativos. Se propone que en
forma adecuada cada nivel educativo aborde los siguientes ejes: los conceptos
de sexo, género, orientación sexual e identidad de género, derechos sexuales y
reproductivos, salud sexual y reproductiva, la prevención de la violencia de
género, la morbimortalidad materno-infantil en Uruguay, el embarazo
adolescente, la prevención del embarazo no deseado y la prevención y detección
precoz de enfermedades de transmisión sexual, entre muchos otros.
Los
enfoques, ya sea en forma disciplinar o en forma transversal, deberán abordar
diversos términos relacionados con la sexualidad, como son: género, identidad
de género, orientación sexual, identidad sexual, erotismo, vínculo afectivo, actividad
sexual, prácticas sexuales, relaciones sexuales sin riesgo, comportamientos
sexuales responsables. También se deberá tratar de trabajar el sexismo en el
idioma a efectos de combatir el heterosexismo y la homofobia lingüística
existente en nuestra sociedad. Enfrentar en definitiva todas aquellas
expresiones del lenguaje y la comunicación humana que invisibilizan a las
mujeres, las subordinan, o incluso las humillan; así como aquellas que
estereotipan o ridiculizan a la diversidad sexual.
La
educación sexual necesita ser tomada en serio y a fondo, desde su misma raíz;
no como una asistencia técnica sino como una contribución a la comprensión del
hecho sexual en los sujetos concretos. De ahí que sus temas centrales y sus
objetos de interés sean precisamente los que se desprenden de un contexto
determinado y no de los fenómenos al margen o periféricos, por muy urgentes o
alarmantes que éstos puedan parecer. La tendencia a hacer planteos genéricos y
teóricos debe ser dejada de lado, ya que la educación sexual solo es útil si
logra encarnarse en los sujetos concretos en un contexto educativo determinado.
[1] Advocates for Youth, Adolescent Sexual Health in Europe and the US,
Why the Difference? Washington, DC, 2000.
[2] The Alan Guttmacher
Institute, Hacia un nuevo mundo: la vida sexual y reproductiva de las
jóvenes, New York, 1998.
[3] Advocates for Youth/ Sexuality Information and Education Council of the United States (SIECUS), Toward a Sexually Healthy America, New York, NY 2001.