Somos un grupo de docentes de la Facultad de Medicina
de la Universidad de la República, identificados con diferentes corrientes de
opinión dentro del gremio docente, o con ninguna de las actuales.
Nos une el deseo compartido de fomentar un proceso de debate y cambios
en torno a los grandes temas de la Facultad.
Aunque partimos de visiones diversas sobre varios
aspectos, tenemos un punto común: la convicción de que los problemas de la
Facultad y la Universidad no se pueden resolver por defecto, sino que requieren
pronunciamientos y políticas explícitas. Cuando los asuntos centrales de la
Casa de Estudios se dejan librados a la inercia, no se asume una posición
neutra sino una posición conservadora.
No hay duda que las concepciones y los proyectos
sobre la Facultad y la Universidad están cargados de contenidos ideológicos.
Pero no es menos cierto que muchas de las decisiones trascendentes concretas
están permeadas por la interposición de intereses personales o grupales, que
tienden a preservar el statu quo, al amparo de sólidos reflejos
conservadores desarrollados al interior de la institución.
La reafirmación de nuestro compromiso con el gremio
docente y el cogobierno universitario no se opone a la valoración de que
visiones plurales horizontales, de corte generacional, pueden jugar un rol
positivo, cuando coinciden en la necesidad de un esfuerzo para intentar
derrotar la peor de las opciones: el inmovilismo.
No es casual que los suscritos,
mayoritariamente, compartamos un pasado común de actuación gremial o
universitaria.
Hoy la oportunidad parece propicia para volver a convocarnos.
El país está bajo un gobierno de izquierda electo con un respaldo masivo
de la población con la esperanza de cambios profundos. La Universidad y la
Facultad no están excluidas de esta necesidad de cambios.
La Universidad y nuestra Casa de Estudios inician un nuevo período, bajo
nuevos Rector y Decano. La coyuntura es particularmente desafiante, y está
signada por el inicio de cursos en la primera Facultad de Medicina privada, los
necesarios esfuerzos para alcanzar nuestra acreditación para el MERCOSUR, el
anuncio de la instauración de un Sistema Nacional Integrado de Salud y la
convocatoria a un debate nacional sobre el conjunto del sistema educativo.
Con este escenario por delante, tras un proceso de vaciamiento de la
participación docente y la viva resistencia que genera todo atisbo de cambio en
la Facultad, se hace imperioso convocar a la participación y el debate de
ideas, por encima de sectores. Cuando se piensa en poner a la Facultad de
Medicina de cara a estos desafíos, sólo se advierten dos sectores: el de los
quieren estimular la participación y el debate sin restricciones, y el de los
que lo consideren incómodo, innecesario, inoportuno e incluso peligroso. La
fracción de la indiferencia opera en favor de este último.
Dobles discursos o ningún
discurso
En momentos en que personas y sectores recelosos de la enseñanza pública
apuestan a la incapacidad de la Universidad de República –y en particular de
nuestra Facultad de Medicina- para resolver contradicciones internas y
problemas crónicos, nos debemos las instancias de reflexión y discusión
necesarias para una toma de decisiones correcta y oportuna.
La primera condición para que la Facultad pueda dar un debate creíble es
la proscripción de algunas prácticas negativas, como de la demonización del
otro y la aceptación del doble discurso.
A este respecto, el problema de la llamada masificación estudiantil
representa un ejemplo paradigmático. Se presenta el libre ingreso a la Facultad
como cuestión de principios, al tiempo que se convive pacíficamente con el
hecho objetivo de que la mayoría de las carreras dependientes de la Facultad de
Medicina están severamente limitadas desde hace muchas décadas. Pero, además,
tampoco se menciona que el acceso a los cursos de posgrado de la propia carrera
de Medicina (de ingreso libre) está doblemente limitado (numerus clausus
y examen de ingreso) en forma discrecional y autónoma por cada servicio.
Otro inocultable doble discurso está en la coexistencia de servicios de
salud universitarios junto con el traspaso de varios millones de dólares al año
hacia el sistema privado (IAMC) por concepto de asistencia a los funcionarios
de la Universidad de la República y sus familias.
Hay otros asuntos que, llamativamente, no son motivo de análisis y
autocrítica. Es el caso de la desmesurada duración de la carrera de Medicina:
más de ocho años para obtener el grado. Mientras la Facultad preconiza en el
discurso una enseñanza basada en el paradigma de aprender a aprender, en
la práctica no logra desprenderse de la vieja concepción de insuflar
conocimiento tras conocimiento en una propuesta utópica condenada al fracaso.
Estos evidentes ejemplos no pueden sino atentar contra la credibilidad
de la institución. Mientras la Facultad tuvo el monopolio de la enseñanza de la
Medicina, esta situación era injustificable, pero no se logró una masa crítica
activa capaz de cambiar tal estado de cosas. Pero en las actuales condiciones,
la no corrección de los viejos vicios, compromete seriamente el futuro y
beneficia a quienes apuestan a la educación universitaria privada.
Algunas definiciones
1. La Universidad no es de los universitarios, sino del país. En
consecuencia, las políticas no deberían tomarse en favor de los intereses de
los universitarios, de sus trabajadores docentes y no docentes, sino en favor
del interés de la sociedad, la que además debe tener mecanismos que le permitan
opinar, incidir y decidir.
2. No todos los problemas de la Facultad de Medicina son atribuibles a
un presupuesto insuficiente. En todo caso, cualquiera sea el presupuesto
asignado, resulta un imperativo ético inexcusable gestionarlo con la mayor eficiencia,
desde la obtención de los recursos hasta su ejecución.
3. Es necesario discutir la política de acceso a toda la oferta
educativa (grado, posgrado y desarrollo profesional continuo) con dos objetivos
principales: alcanzar la excelencia en la formación profesional y reposicionar
a la Facultad de Medicina como protagonista de los cambios en el sistema de
salud.
4. Hay que repensar la currícula de la carrera de Medicina de modo de
abreviar su duración, adelantar el contacto del estudiante con la clínica, el
que no se debería centrar en las patologías propias de los hospitales de
referencia, sino en los problemas de salud más prevalentes. Además, es
imperioso facilitar el tránsito horizontal hacia otras carreras.
5. Hay que rediscutir la inserción de la actividad asistencial de la
Facultad de Medicina –tanto en el Hospital de Clínicas como en los servicios de
ASSE y en el proyectado Sistema Nacional Integrado de Salud- de modo de superar
un modelo testimonial, de baja dedicación y compromiso, dejando paso a una
actividad asistencial de alta calidad humana, técnica y académica. Esta alta
dedicación para la actividad asistencial debe incluir el primer nivel de
atención.
6. Se debe rediseñar toda la estructura docente, optimizando y potenciando
las Cátedras e Institutos, evitando su disgregación por los distintos servicios
y escuelas de la Facultad y en las respectivos sedes territoriales. La
estructura docente de las Escuelas y las Cátedras debería estar guiada por una
política general coherente dictada por la Facultad.
7. Entendemos que es beneficioso el desarrollo de políticas de
descentralización y de instalación de servicios universitarios en el interior
del país, pero no compartimos la clonación de los servicios y los ciclos.
Debería desarrollarse una acción de diversificación de la oferta educativa en
todo el país, de acuerdo a las condiciones y potencialidades concretas de cada
lugar, en sustitución de la política de mera duplicación de la oferta
montevideana.
8. Los cambios no pueden surgir del consenso. La Facultad parece haber
asumido que para cambiar es necesario el consenso. El resultado es inevitable:
la perpetuación de lo anterior. En realidad, el consenso es casi incompatible
con los cambios, cuya realización exige necesariamente tomar opciones, afectar
intereses y modificar prioridades.
Firmantes:
Gonzalo Aiello, Gº 4
Clínica Neumológica
Noel
Álvarez, Gº 2 Bioquímica
Zaida
Arteta, Gº 2 Parsitología y Micología
Adriana
Belloso, Gº 5 Clínica Médica
Nelson
Bracesco, Gº 3 Biofísica
Leonel
Briozzo, Gº 4 Clínica Ginecotocológica
Patricia
Cassina, Gº 3 Histología y Embriología
Calíope
Ciriacos, Gº 3 Escuela de Nutrición y Dietética
José Alejandro Chabalgoity, Gº 4 Dpto. de Desarrollo Biotecnologico
Matilde
Di Lorenzo, Gº 2 Psiquiatría Pediátrica
Marisa Figuerola, Gº 2
Comunidad. Escuela de Parteras
Gabriel González
Rabelino, Gº 4 Neuropediatría
Daniel
González González, Gº 3 Clínica Quirúrgica
Daniela
Lens, Gº 4 Departamento Básico de Medicina
Paula
Lombide, Gº 2 Histología y Embriología
Marina
Macedo, Gº 3 Bacteriología y Virología
Laura
Martínez Palma, Gº 3 Histología y Embriología
Jorge
Martínez, Gº 4 Clínica Ginecotocológica
Rafael
Mila, Gº 2 Fisiopatología
Oscar
Noboa, Gº 4 Fisiopatología
Martín
Odriozola, Gº 3, Clínica Qurúrgica
Laura
Oyhantçabal, Gº 3 Clínica Médica
Gonzalo
Peluffo, Gº 2 Bioquímica
Walter
Pérez, Gº 4 Clínica Pediátrica
Celia
Quijano, Gº 2 Bioquímica
Carina
Ricciardi, Gº 3 Clínica Psiquiátrica
Leda
Roche, Gº 4 Genética
Hugo
Rodríguez, Gº 3 Medicina Legal
Homero
Rubbo, Gº 3 Bioquímica
Rossana
Sapiro, Gº 3 Histología y Embriología
José
Souza, Gº 3 Bioquímica
Adriana Tiscornia, Gº 2 INDT
Andrés
Trostchansky, Gº 2 Bioquímica
Julio
Trostchansky, Gº 2 Clínica Quirúrgica
Laura
Viola, Gº 5 Psiquiatría Pediátrica