PROPUESTA DE LOS DOCENTES DE
ITALIANO A LA COMISIÓN DE BACHILLERATO DE LA MESA PERMANENTE DE LA ATD.
La
Sala de Italiano considera que la asignatura Italiano debería ser incluida en
el currículo proyectado para la transición 2006 – 2008 con las siguientes
características, cuya fundamentación se puede ver in extenso en los documentos
presentados a la ATD nacional, al sindicato de docentes y al Consejo de
Educación Secundaria desde el mes de agosto de 2005[1]:
Más allá de que la ATD se ha manifestado en repetidas oportunidades en
contra de las materias optativas, la
opcionalidad de Italiano es impensable en el sistema educativo actual, por
diversas razones.
Por un lado, las opciones se deben establecer entre asignaturas afines,
para el caso otra lengua romance. No hay ninguna que pueda ser puesta en un
plano de igualdad razonable con el idioma italiano como para conformar una real
opción. Hoy en día el Instituto de Profesores Artigas no ofrece formación en la
especialidad Portugués y hace varios años se cerraron los cursos de la
especialidad Francés. Las únicas lenguas extranjeras en las que se siguen
formando profesores son Inglés e Italiano.
Además, las asignaturas optativas,
tal como las plantea el plan 93 original, fueron concretadas sólo durante dos
años. Su eliminación del currículo se debió sobre todo a razones locativas, las
mismas que enfrentamos hoy.
Otro argumento de peso en contra
de la opcionalidad de Italiano se basa en la consideración de que esta
asignatura solamente cobra real significado en tanto se constituya en un
vehículo de cultura. Ahora bien, una tal concepción es consistente en un marco
de interdisciplinariedad, que se enfrentaría a dificultades insuperables en
caso de que fuese una asignatura optativa, ya que el necesario trabajo en
conjunto con asignaturas curriculares fructificaría plenamente únicamente en
los alumnos que hubiesen optado por Italiano.
Por otra parte, el
desconocimiento previo del idioma por parte de la mayoría de los alumnos
descarta toda posibilidad de una elección guiada principalmente por criterios
racionales.
Se considera insuficiente la inclusión de la materia en el currículo
con una duración menor a dos años. Un único año de formación en italiano
representa un contacto muy superficial con la lengua y la cultura y es, en
definitiva, la generación de un potencial que nunca llegaría a realizarse en el
seno del sistema público de enseñanza. Por
ello proponemos que en todos los casos todos los alumnos que cursen Italiano lo
hagan en dos años.
En cuanto al perfil de los
alumnos que consideramos serían especialmente beneficiados con el estudio del
italiano, teniendo en cuenta los criterios de interdisciplinariedad y de la
asignatura como vector cultural, hallamos que son aquellos que hayan optado por
2º y 3º de Ciencias Sociales y
Humanidades del Plan 93 y, en caso de implementarse, 2º y 3º de Arte y Comunicación del plan 2003. Va de suyo que en
caso de implementarse un Bachillerato Lingüístico, es de simple sentido común
la pertinencia de la inclusión de Italiano en él.
Ciencias Sociales y
Humanidades es la orientación que recoge alumnos con los intereses más varios.
Confluyen aquí aquellos que piensan seguir carreras universitarias relacionadas
con las Letras y el Derecho, para los que la lengua italiana constituye un
aporte insoslayable, y aquellos que optan por carreras con una inserción
laboral más inmediata, entre las cuales Gastronomía, Hotelería, Diseño,
sectores en los que Italia está en la vanguardia mundial y en los que cabe
destacar el permanente intercambio entre Italia y Uruguay.
En cuanto a Arte y
Comunicación, es innegable que una gran cantidad de las cumbres pictóricas,
escultóricas, arquitectónicas y literarias han sido creadas en Italia o en
italiano. El conocimiento de la lengua refuerza y profundiza el conocimiento de
estas obras y la reflexión sobre la creación artística y el fenómeno estético.
La carga horaria propuesta se deriva de consideraciones asentadas por
un lado en criterios didácticos y por otro en la proporción entre docentes y
estudiantes.
Se propone, a diferencia del Plan
76, en el que el primer curso de Italiano cuenta con 4 horas semanales, que
todos los cursos tengan una carga de 3
horas semanales. De esta manera, un
curso anual representa aproximadamente 90
horas de clase. Al cabo del primer año se espera que los estudiantes sean capaces
de interpretar textos generales y básicos, de interactuar en situaciones
cotidianas y de realizar reflexiones metalingüísticas elementales. Al finalizar
el segundo, cursadas 180 horas de clase, se espera que el estudiante pueda
acceder a la comprensión de textos más especializados, que esté en condiciones
de producir textos orales y escritos y que haya internalizado aquellos aspectos
de la cultura occidental que están más íntimamente relacionados con Italia y su
lengua.
Basados en el padrón Oficio Nº
8473/04, y tomando en cuenta solamente los datos disponibles para Montevideo –la realidad en el Interior
es de carencia de docentes en todas las asignaturas- surge la total adecuación
de la propuesta horaria en cuanto a la posibilidad de cubrir las necesidades
del servicio con los docentes efectivos. Obviando cálculos que sería tedioso
detallar, en caso de poner en práctica esta propuesta, se contaría con un total
de 50 docentes efectivos para cubrir un
total de 630 horas en grupos de la transición y 290 horas en grupos de liceos
nocturnos y extraedad. La división de la cantidad de horas entre la
cantidad de docentes efectivos da 18,4 horas/docente, lo que es
extraordinariamente aproximado al ideal de 20 horas/docente.
[1] Memorando “Reflexiones sobre el plurilingüismo”, agosto 2005; documento de la Sala de Italiano a las ATD liceales, noviembre 2005.