Di Pascua, Diego - Echenique, Paula - Ramírez, Ignacio
- Stratta, José Luis - Vaz, Eduardo
El Uruguay está saliendo de una de las peores crisis económicas de su historia. Esta crisis se desencadenó sobre una sociedad que distaba mucho de ser ejemplar, donde el modelo dominante ya había consolidado una sociedad fragmentada, con una clara tendencia hacia la polarización social. Así, la concentración de la riqueza y marginación eran dos caras de la misma moneda.
En el plano educativo, el modelo tuvo su correlato en la reforma Rama-Sanguinetti de 1996. Pensada, financiada y ejecutada con los organismos internacionales, se impuso en todos los niveles de la educación pública salvo en la Universidad debido a su autonomía. Hoy, a 10 años de su implantación, es difícil seguirla sosteniendo dado sus magros resultados: nadie en Uruguay está satisfecho con la educación pública mientras que los institutos privados ni siquiera se dignaron a aplicarla.
De las muchas críticas que ha sido objeto dicha reforma, quizás las dos más importantes tengan que ver con su filosofía inspiradora - la inserción acrítica en la globalización dominante - y el método impositivo y autoritario con que se implementó.
Este debate educativo es el mejor remedio para prevenir ambos males. Del intercambio franco y apasionado pero respetuoso y tolerante, irán surgiendo las ideas para remodelar este sistema educativo que no puede resolver su misión principal: formar ciudadanos capaces de construir un país mejor, donde los derechos humanos sean medio y fin de su vida democrática.
Entendemos el período actual como una transición hacia otro modelo de país y otro modelo educativo que tenga la capacidad de, hundiendo sus raíces en el ser nacional y sus ricas tradiciones educativas, construir una educación de primer nivel, casi seguramente el único camino real para insertar este pequeño país en el Mercosur y en el Mundo de forma positiva para sus habitantes. Es claro que la educación no puede resolver los problemas estructurales de nuestra sociedad, pero también lo es el hecho que no hay proyecto serio de resolución de dichos problemas sin una educación a la altura de los desafíos de la época.
La sociedad de la información se ha venido desplegando ante nuestros ojos debido al progreso técnico; en los últimos años, la proliferación de computadores, telefonía digital, redes, etc., ha invadido nuestro país con una velocidad que difícilmente hubiéramos imaginado. Baste decir que ya suman 1.700.000 los usuarios de teléfonos celulares y unos 300.000 hogares disponen de conexiones de TV cable. A esto sumémosle el rol de la TV abierta y de las radios, lo que da una dimensión de la penetración de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones que se suman a las ya existentes.
Para muchos autores, se trata de la tercera revolución industrial, que trae aparejados enormes cambios en todos los aspectos de la cultura. De esta forma, es común oír hablar en educación (tanto como en otros ámbitos) de la brecha digital y de la impostergable necesidad de reducirla. Así, en los países en desarrollo se han generado numerosos programas de acceso a las TICs y de informática educativa, destinados, sobre todo, a escuelas y centros de educación media.
En general, estos programas, que generan una enorme salida de divisas hacia el mundo industrializado, se basan en una visión tecnocrática que entiende que el propio curso actual nos beneficiará a todos en mayor o menor medida; que el problema principal desde el ángulo educativo consiste en familiarizar al educando en el manejo de los PC y rudimentos del idioma inglés para estar enganchados a la globalización dominante y ser capaces de entender las reglas de la parte del juego que nos toca en estas zonas del mundo.
No se atiende, con ello, a que la brecha digital es consecuencia directa de las brechas sociales, la pobreza, la marginalidad, el analfabetismo.
En ese sentido, nos resulta particularmente interesante la visión general que plantea la UNESCO a través del informe Bindé de 2005 para abordar el advenimiento de la sociedad del conocimiento, proceso que afecta al mundo entero.
Allí, se destaca que no se deben confundir las sociedades del conocimiento con las sociedades de la información. En efecto, las primeras contribuyen al bienestar de las personas y las comunidades y abarcan aspectos sociales, éticos y políticos. Las sociedades de la información, en cambio, se basan en avances tecnológicos que corren el riesgo de suministrar sólo una “masa de datos indiferenciados” a los que carecen de competencias suficientes para beneficiarse de ellos.
La visión, aplicada en muchos países latinoamericanos, que prioriza la información sobre la formación (fundamentada en el caso de la informática por la necesidad de dar “inserción laboral” a los estudiantes) nos coloca como sociedad del lado de los consumidores, cada vez más dependientes de los productos del primer mundo.
El advenimiento de la sociedad de la información globalizada acelera y profundiza el grado de dependencia de nuestras naciones así como la brecha entre ricos y pobres. Por tanto, o intentamos otra forma de inserción internacional o estamos condenados a esta sociedad fragmentada, empobrecida, insegura y sin autoestima.
La necesaria alfabetización digital es una de las tareas de época, como en su momento las campañas de alfabetización por la lecto-escritura; pero lo fundamental radica en el contenido de dicha alfabetización.
Debemos valorar las potencialidades del uso de la tecnología en el aula, sumado a las posibilidades del uso de Internet con carácter interactivo, con amplia participación de los usuarios. Pero debe tenerse en cuenta que no habrá transformación ni inclusión si no se acompaña la tecnología de una estrategia que deje de lado confusiones recurrentes, como igualar política de equipamiento con política de uso, igualar información con conocimiento y olvidar que toda acción debe tener un sentido más allá de la acción misma.
El objetivo estratégico debe estar dado por la formación de individuos capaces de entender la nueva sociedad del conocimiento, ser capaces de seleccionar críticamente la información y procesarla creadoramente. No se trata solamente de llenar los centros de enseñanza con computadoras - que se necesitan - sino de enseñar a aprender, de fomentar el interés en la formación a lo largo de toda la vida, de incentivar la creatividad y la innovación, en un marco de valores que deben recoger el espíritu de la Declaración Universal de Derechos Humanos y subsiguientes.
Se está lejos de ello. Como ya observamos, en la currícula educativa actual, tanto a nivel de Primaria como de Secundaria, se apunta a enseñar el uso de herramientas predeterminadas para generar contenidos en diversas temáticas. Se reduce la incorporación de tecnología al uso de utilitarios y de la computadora como “máquina de escribir”.
No existen recetas para implementar el cambio de paradigma requerido, aunque existen varias líneas que podrían evaluarse.
En primer lugar, el uso de la Red para la búsqueda y clasificación inteligente de la información parece ser un paso imprescindible. Esto debería complementarse con la posibilidad de creación de comunidades virtuales para el mejor aprovechamiento de desarrollos académicos, donde se intercambie información y conocimiento dentro y fuera de fronteras, usando un sentido solidario y no utilitario.
Es necesario, por lo tanto, que las políticas de uso de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aprovechen los recursos nacionales buscando desarrollos propios, en acuerdo y complementación con comunidades que ya existen a nivel mundial y que trabajan en este mismo sentido.
En este punto, es importante indicar que esta nueva forma, lejos de reemplazarlos, potenciará los saberes adquiridos de manera tradicional y tendrá requerimientos similares. Por ejemplo, será necesaria una buena formación en competencia lectora y en escritura, donde serán fundamentales la expresividad, corrección, claridad y amplitud de vocabulario, capacidad de síntesis y de comunicación.
De la misma manera, con pocos medios se pueden implementar trabajos colaborativos a distancia, donde las tareas en sí sean excusas para brindar bases sobre aplicación de las nuevas tecnologías en el trabajo en equipo, la generación de discusión y niveles de entendimiento entre alumnos inmersos en distintas realidades, propiciar lazos personales que trasciendan el ámbito de acción diario e incentivar la idea de que el conocimiento está distribuido, y que debemos comportarnos con generosidad y solidaridad para avanzar como conjunto.
También puede utilizarse a la informática como apoyo básico para el aprendizaje de cualquier rama del conocimiento. La interacción del alumno con la realidad y la generación de sus propias realidades, a través de modelos o simulaciones sencillos, o simplemente la motivación de aprender a partir de la utilización de medios más atractivos, son estrategias que algunos docentes ya están intentando aplicar. Estos esfuerzos, a pesar de descoordinados y con niveles dispares, pueden ser la semilla para alcanzar objetivos más ambiciosos.
En el mismo camino, poco se habla del software como lenguaje cultural moderno y mucho menos sobre la necesidad de aprender y apropiarse de ese lenguaje como única forma de acción participativa en la era de la información.
Si nos remontamos a los comienzos de la informática, encontramos programas y técnicas que permitían a cualquier persona resolver problemas simples a través de lenguajes de programación, que fueron populares en importantes sectores de usuarios. Pero con el correr de los años, las multinacionales hicieron cada vez más complejos y profesionales estos programas, elevaron los precios y los sacaron del ámbito del usuario común.
Edsger Dijkstra (pionero de la
programación) distingue cómputo de programación, al referirse a la ciencia de
la computación con estas palabras:
“La ciencia de la computación concierne -
y siempre lo hará - a la relación entre la manipulación simbólica mecanizada y
la humana, referidas como computar y programar respectivamente.” ("On the cruelty of really teaching computer science", 1988).
Se puede observar el concepto de que computar es una actividad mecanizada, y programar es una actividad humana y matemática. Consecuentemente, agrega: “En el mapa de las disciplinas académicas, la ciencia de la computación debe ser ubicada entre la matemática formal y la lógica aplicada.”
Esta relación entre computación y otras ciencias (en particular, matemática), que estaba muy clara para los pioneros en ciencia de la computación y para los matemáticos (muchas veces investigadores en ciencia de la computación) de las décadas de los 60, 70 y 80, se vuelve borrosa hoy en día. Esto se debe, fundamentalmente, al avance y la popularización de la tecnología, que lleva a confundir destreza en el manejo de algún programa con conocimiento en informática, y a que el estrecho vínculo entre computación y otras ramas de la ciencia no se ha volcado al sistema educativo, sino que ha quedado restringido a los ámbitos de investigación y a las carreras específicas en computación.
De esta forma, se desaprovecha el potencial que tiene la computación en la enseñanza de la matemática y otras ciencias, pudiendo apoyar al alumno en la capacidad de abstracción, el pensamiento algorítmico, el razonamiento lógico y la formalización de soluciones.
Ante todas estas alternativas, es imprescindible la participación y, aún más, el liderazgo del cuerpo docente de cualquier cambio profundo en la materia que quiera realizarse. Para posibilitarlo, deberá ponerse especial énfasis en la actualización de los docentes en actividad, en la formación de los futuros docentes y, en particular, en la utilización de líneas estratégicas durante la creación de la carrera de docente en Informática.
El software utilizado como soporte de este aprendizaje debe, también, estar en línea con los objetivos estratégicos.
En particular, la utilización de entornos propietarios ata, por la vía de los hechos, a nuestra sociedad al mundo que queremos evitar.
Desde siempre, el conocimiento ha sido fuente de poder y la humanidad conoce el uso y abuso del secretismo como forma de dominación en favor de sus poseedores. Sin embargo, en las últimas décadas asistimos al proceso de privatización del conocimiento más brutal que se conozca en el mundo moderno. Desde el software a los productos naturales, todo es pasible de ser mercantilizado y apropiado por el capital, en un proceso que parece no tener límites.
La enseñanza basada en la utilización de paquetes cerrados, al estilo “cajas negras”, tiene implícito un mensaje en línea con este proceso global. El pensamiento crítico y el espíritu investigador chocan contra el ocultamiento del conocimiento, base del software propietario.
Nuestros jóvenes se forman en un entorno marcado por los “estándares de mercado”, sirviendo la educación pública como una enorme academia donde se enseña lo que las corporaciones quieren: la herramienta funciona de esta forma, lo hizo alguien con algún criterio que no conocemos, nuestra sociedad no tiene el conocimiento para influir en esa forma de ver las cosas, en tu vida futura deberás pagar lo que se te indique para poder usar esas herramientas y, si no estás satisfecho, esperarás a que alguien de un país desarrollado genere productos mejores.
Ante ello, la utilización de software libre es una alternativa probada y con bajos márgenes de riesgo, si se encuadra en proyectos con mínima seriedad. El licenciamiento con que se distribuye este tipo de software permite el auditado del código fuente (o sea, el código que el programador genera), la modificación del mismo y la utilización irrestricta de los programas.
Como contracara al proceso de profundización de las brechas digital y cognitiva, el software libre ha utilizado el proceso globalizador como base para un desarrollo sobre otras bases conceptuales. Se basa en el esfuerzo colaborativo y en el acceso al conocimiento contenido en los programas, a donde individuos, empresas, organizaciones y gobiernos llegan por diversos caminos: fundamentos morales, búsqueda de notoriedad, interés por el aporte al desarrollo de un producto por parte una comunidad a nivel mundial, desarrollo digital de una sociedad, modelos de negocios basados en la capacitación y el soporte técnico, etc.
Luego de un desarrollo de más de 20 años, el software libre se ha afianzado en el Mundo, es generado por una gran cantidad de programadores y es utilizado, en mayor o menor medida, por la mayor parte de los usuarios de herramientas informáticas, aún sin saberlo.
Los beneficios estratégicos implícitos, junto con el nivel de desarrollo mencionado, hacen que hoy en día existan recomendaciones e implementaciones de software libre a nivel gubernamental en los cinco continentes, siendo las más publicitadas en nuestro medio las de la Unión Europea y de varios de sus estados miembros.
A nivel latinoamericano, destacan las iniciativas de Brasil y Venezuela por su alcance global, pero en todos los países se han realizado emprendimientos trascendentes. En Uruguay, en particular en el ámbito académico, la Universidad de la República sigue una tendencia sostenida en ese sentido desde hace más de 10 años.
Entendemos, entonces, que el fenómeno del software libre brinda a nuestras naciones una oportunidad que no debe ser desaprovechada. Es importante comprender, sin embargo, que su utilización constituye solamente un primer paso, necesario pero absolutamente insuficiente, ya que, de quedarnos en ello, seguiríamos formando usuarios de herramientas creadas por otras sociedades.
Es en este punto donde, nuevamente, surge claramente la necesidad de reformular la enseñanza en informática, como punto ineludible para generar una sociedad mejor.
Un nuevo mundo se ha abierto producto del conocimiento acumulado por la humanidad.
En particular, las TICs ofrecen herramientas cada vez más poderosas para manipular información, acortar tiempos y distancias, facilitar la comunicación y el trabajo compartido, generar nuevas formas de interactuar entre las personas y con los objetos virtuales.
Como enseña la historia, dependerá de los caminos que elijamos hoy donde estaremos mañana. Nuestro papel en esta nueva sociedad globalizada aún se está definiendo. Nada está predeterminado en ese sentido; solamente depende de nuestra capacidad y audacia poder definir nuestra estrategia, tomar las experiencias del Mundo acordes a la misma y complementarlas con nuestros aportes y condicionantes, para generar un Uruguay en el que dé gusto vivir.