APORTES AL DEBATE EDUCATIVO SOBRE LA RELACIÓN ENTRE EDUCACIÓN Y TRABAJO

 

Documento presentado por el Encuentro Sectorial del

Grupo de Educación y Trabajo (GET)

 

 

Presentación:

 

El 3 de junio de 2005 se constituyó el Grupo de Educación y Trabajo (GET) integrado por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), el Consejo de Educación Técnico Profesional (CETP-UTU), el Instituto Nacional de la Juventud, el PIT CNT, el Consejo Superior Empresarial, la Iglesia Anglicana y la Asociación de Entidades de Capacitación (ADECA).

 

La idea de conformar este grupo, surge a partir del Seminario “Jóvenes Educación y Trabajo. Una herramienta para la integración social”, que finalizó con una declaración de interés en impulsar y mantener un espacio de discusión y trabajo sobre el tema.

 

Dicho evento, que tuvo lugar el 14 de abril de 2005 en el Ministerio de Educación y Cultura, fue organizado por la Iglesia Anglicana quien presentó los resultados de un proceso de reflexión sobre formación profesional y el marco jurídico vigente en Uruguay sobre empleo juvenil.

 

La necesidad de una profunda revisión de la normativa legal sobre empleo juvenil, la creación de un Sistema Nacional de Formación Profesional, y la jerarquización del componente educativo de los proyectos y programas que desean priorizar la reinserción educativa, fueron los temas iniciales de interés que impulsaron la creación de este grupo de reflexión y trabajo.

 

Con el tiempo, la puesta en común de ideas y el intercambio de opiniones han estimulado la emergencia de otras preocupaciones o cuestiones sobre las cuales creemos que es necesario debatir y hacer acuerdos. El tema en torno a la certificación y acreditación de ciertos aprendizajes y competencias adquiridas, aparece como uno de los temas recurrentes y a priorizar.

 

Creemos estar en un momento histórico ideal para pensar y proponer acciones que permitan la flexibilización de esquemas que no hacen sino poner obstáculos al  desarrollo de derechos fundamentales como son la educación y el trabajo.

 

Es así que en el 2006, como Encuentro Sectorial, el grupo se propuso el objetivo de aportar al Debate Educativo con reflexiones que permitan situar el tema de la educación vinculada al trabajo, estimulando su ubicación en la futura ley de educación.

 

Educación y Formación para el mundo del trabajo:

 

La Educación como función social, supone la transmisión del patrimonio cultural y de los principales valores, conocimientos, habilidades y actitudes que una sociedad considera esenciales para la época en que vive. Hablamos entonces de la educación en sentido amplio: educación para la vida, para la convivencia social, para el desarrollo humano. Esta integralidad también incluye los contenidos vinculados al mundo del trabajo, en tanto plano de la realidad donde los sujetos se proyectan y desarrollan como personas, como grupos y como sociedades.

 

Desde esta perspectiva, el sistema educativo debe contemplar los mecanismos necesarios para que a través de sus herramientas de acción se transmita, promueva y defienda la cultura del trabajo como “valor esencial”, debiendo estar presente –con gradualidad y progresividad- en todo el proceso educativo.

 

En este marco, entendemos imprescindible el diálogo entre los diferentes ámbitos e instituciones educativas con el mundo del trabajo. Esto no significa que la educación, y en particular la formación para el mundo del trabajo, deban estar al servicio de lo productivo o en función de los puestos de trabajo. El centro debe ser siempre la persona, pero por eso mismo es preciso formarla -entre otras cosas- para que pueda integrarse de la mejor manera posible a la vida familiar, social y al mundo productivo.

 

La incorporación de metodología lúdica, participativa y de producción en los centros educativos, donde los estudiantes desarrollan diferentes formas de expresión y entran en contacto con herramientas y técnicas de diferentes ocupaciones, se constituye en un instrumento necesario para la articulación con el mundo del trabajo. Asimismo, entendemos pertinente el uso de metodologías tales como la alternancia y el aprendizaje práctico en la empresa a través de pasantías educativo-laborales. Estas estrategias metodológicas, no sólo permiten introducir a los estudiantes en un contexto de trabajo real y en el manejo de ciertos procedimientos y tecnología, sino también entender lógicas de producción y empresariales, así como culturas y códigos propios del trabajo formal.

 

La vinculación entre educación y trabajo debe ser definida, entonces, como una relación ineludible; cada vez más necesaria en las sociedades de hoy, altamente complejas. Los avances y especificidades del conocimiento, hacen que las personas deban profundizar en un aspecto determinado de la realidad, lo que implica especialización. 

 

Hablamos de Formación Profesional para referirnos a la adquisición, por parte del sujeto de la formación, de las competencias necesarias para el mejor posicionamiento en el mundo del trabajo y el correcto desempeño de su ocupación. Esto supone no sólo la incorporación de conocimientos técnicos específicos, sino también de valores, competencias sociales y actitudinales que le permitan insertarse socialmente y responder a las nuevas exigencias del mundo contemporáneo.

Es fundamental, entonces, que exista un diálogo que permita a la educación interpretar los avances y cambios de la tecnología y el mundo del trabajo.

La identificación de perfiles ocupacionales requiere de revisión periódica, a partir de lo cual se torna necesario adecuar y actualizar los contenidos curriculares asociados a los mismos. Para que ello sea posible se precisa, de la educación formal y la no formal, condiciones tales como permeabilidad, flexibilidad, capacidad de proponer y acompañar las transformaciones con suficiente rapidez, participación en las políticas productivas del país, entre otras.

 

 

Algunas propuestas que surgen del GET:

 

El grupo ha destacado desde su inicio la necesidad de creación de un Sistema Nacional de Formación Profesional que permita definir y reconocer lo que saben las personas, más allá de cómo y dónde lo aprendieron.

 

Un sistema de formación profesional se basa en acuerdos que derivan en una organización, en la que diferentes actores concurren con propuestas de formación coordinadas en cuanto a su pertinencia, contenido, nivel y calidad.  En conjunto, se logra un efecto mayor en la mejora de las condiciones de formación al que se lograría actuando separadamente.

 

Cuando el sistema acuerda la utilización de estándares y normas de competencia, e integra elementos de formación, evaluación y certificación, estamos ante un sistema normalizado.

 

La creación de este Sistema de Formación Profesional, en tanto nivel más alto de articulación entre educación y trabajo, es la meta que debemos proponernos alcanzar. Dicho sistema debe conformarse con la participación –en distinto grado, e instancias diferentes- de los agentes y actores involucrados, donde el sector educativo también esté presente.

 

Sin embargo -manteniendo esa visión de sistema- es preciso promover acciones integradas intermedias, que permitan de forma progresiva transitar hacia el objetivo propuesto.

 

En este sentido, la interrelación de actividades que posibilita la continuidad educativa (acreditación), y la certificación, entendida como el reconocimiento de saberes que las personas pueden haber adquirido de muy diversas maneras, constituyen pasos fundamentales en el camino hacia un Sistema Nacional de Formación Profesional.

 

Sin duda, ello requerirá importantes acuerdos políticos y definiciones técnicas, pero que una vez logrados permitirán definir de manera clara, qué se certifica, qué metodologías se usan, y quiénes lo hacen.

 

 

En un esquema de enriquecimiento mutuo, el conocimiento del mapa productivo del país así como de las necesidades y perfiles ocupacionales, permite tanto orientar las propuestas educativas para satisfacer determinadas necesidades, como generar cambios en estas últimas a partir de la incidencia de la educación.

 

Finalmente, pensando en una nueva ley de educación y en una posible nueva estructura del sistema educativo, nos parece importante enfatizar las siguientes propuestas, como cambios necesarios a desarrollar.

 

Por un lado, diseñar e implementar –en la nueva estructura y en la nueva ley- un órgano que se constituya en ámbito para la articulación horizontal de la educación y el trabajo.

 

Por otro lado,  revisar los sistemas de formación de formadores, para incorporar la especialización necesaria para aquellos docentes y educadores que trabajan en espacios educativos, formales y no formales, vinculados al mundo del trabajo.