Este trabajo es una síntesis de reflexiones de largo tiempo entre personas inquietas por la temática educativa, realizada en la ciudad de Minas, Lavalleja. Al final del mismo constan quienes participaron.

 

 

CENTROS EDUCATIVOS HOY: hacia una nueva 

                               concepción del rol de nuestros

                                         centros educativos

 

                               “un espacio tomado por presencias   

                           heterogéneas pasibles de ser pensadas en 

                                 configuraciones múltiples y contingentes”

 

 

MAS ALLÁ DE NUESTROS DESEOS, DÓNDE ESTAMOS HOY?

 

Lo que percibimos (y duele) en el día a día:

 

·       la cantidad de adolescentes que no pueden ser incluidos por la propuesta educativa y que poco a poco van quedando excluidos del sistema educativo (en general los más desfavorecidos cultural y económicamente)

·       la sensación de “desborde” en los docentes frente a la enorme heterogeneidad de nuestros alumnos y frente al bajo nivel de rendimiento académico, lo que habitualmente se asocia a la percepción (y temor) de un permanente descenso en el nivel educativo

·       una propuesta curricular basada casi exclusivamente en el lenguaje verbal (“Nuestra cultura considera importantes las destrezas lingüísticas y define la inteligencia como la capacidad de ejecutar tareas abstractas basadas en el lenguaje (y los números)” E. Eisner)

·       una enseñanza que (salvo en educación pre-escolar) ignora todo lo que implica el cuerpo y sus potencialidades expresivas, lo emocional y lo lúdico en el proceso de aprendizaje

·       instituciones educativas más empecinadas en calificar y comparar (como si se buscara que todos los alumnos llegaran a ser lo mismo, un “producto homogéneo”) que en desarrollar todas las potencialidades posibles lo que, más allá de la no intencionalidad, “etiqueta” y limita las posibilidades de ser (“Qué pasa cuando las ofertas identitarias devienen actos de etiquetamiento, fijan destinos y clausuran la posibilidad de que el otro sea otra cosa?” G. Frigerio)

·       una incomprensión y resistencia a los cambios sociales desde los adultos, y una brecha cultural entre el mundo adulto y un mundo adolescente que no logra asumirse y procesarse, lo que muchas veces paraliza

·       las enormes dificultades reales de los docentes para incorporar las tecnologías al proceso educativo

·       instituciones educativas sumamente rígidas y que prescriben lo que debe hacerse y cómo, empeñadas en continuar atadas a lo definido por la modernidad, donde el rol de cada actor está perfectamente definido, la autoridad del adulto pretende ser incuestionable, y la participación del estudiante limitada a lo prescripto

·       una gran desvalorización del trabajo, y una educación muy académica (en todos los niveles), disociada de la realidad, con una fuerte línea divisoria entre la educación para el trabajo (UTU) y la educación para la universidad (lo valorado socialmente)

 

 

Lo que necesitamos reflexionar

 

·       la potencialidad de los centros educativos como “prestadores de identidad”, concibiendo a la identidad con Graciela Frigerio como  “un proceso abierto y en permanente movimiento”, verla como  “construcción y proceso, es comprenderla como devenir, producto, búsqueda de lo que no será nunca totalmente encontrado” (...), “por el cual el sujeto se constituye y se transforma asimilando o apropiándose de aspectos, atributos o rasgos de los que lo rodean..”.(...)”...la identidad se juega y se despliega en términos de una relación, la del sujeto con otros”

·       la diversidad de seres (en cultura, situación económica, experiencias de vida, formas de aprender, capacidades desarrolladas o potencialidades) como poseedores y demandantes de diversos códigos de comunicación y de expresión

·        la importancia del aspecto emocional en el aprendizaje (en palabras de Ferrés: “No puede haber aprendizaje sin el desarrollo de las estructuras cognitivas adecuadas (Piaget), pero tampoco sin que se realice una adecuada inversión de energía libidinal (Freud)” y con Bertrand Russell “Los deseos, las emociones, las pasiones (...) son las únicas causas posibles de la acción. La razón no es la causa de la acción, sino sólo un regulador” Bertrand Russell.

 

·       la complejidad de la postmodernidad, implica para los adolescentes, aunque más libertades y supuestas alternativas “de poder ser”, muchas inseguridades: hay que “probarse”, competir, en un abanico infinito de ofertas, en un mundo que ya no tiene certezas, ni siquiera de las instituciones más tradicionales, ni de la familia misma que vive reestructuraciones permanentes; la falta de soportes afectivos, de referentes adultos es lo que domina su vida cotidiana

·       que relaciones más horizontales y que permitan la participación de los niños y adolescentes de la gestión de sus propios procesos educativos no implica caos ni pérdida deponer ni de autoridad, y permite canalizar capacidades de las actuales generaciones riquísimas en los procesos de renovación de la enseñanza

·       la importancia de revalorizar el trabajo y de incorporar la espacios que permitan explorar diferentes ramas del conocimiento y su aplicación, considerando también las que habilitan a abordar la resolución de problemas cotidianos y domésticos

 

 

EDUCAR: ESE ACTO POLÍTICO A ASUMIR (EN LA PRÁCTICA)

 

Ese conflicto que se percibe entre quienes estamos inmersos en el ambiente educativo de si tiene que hacerse cargo la educación de los problemas sociales,  (llámeselos pobreza, disgregación, estructuras familiares, desatención, desnutrición o mala alimentación) y la pregunta vuelve a repetirse una y otra vez: ¿es que

escuelas y liceos deben tener un rol asistencial?.

Es que al enseñar es posible prescindir de todo lo demás: experiencias previas, vivencias, huellas emocionales, mala alimentación. O acaso podríamos clasificar a nuestros alumnos en “mentes educables” (los bien alimentados, cuidados, queridos, abrigados, “tranquilos”) y “mentes no educables” (los que carecen de todo ello).

Qué triste y terrible sería que ese fuera nuestro pensamiento.

¿Es ajeno a la educación la falta de lazos sociales entre nuestros alumnos o incluso la discriminación de todo tipo que observamos entre ellos?

En el plano teórico mucho se escribe y se habla de una educación integral, pero a la hora de encontrarnos con toda la complejidad que ello significa resulta más sencillo simplemente brindar contenidos disciplinares y saber lo menos posible acerca de lo que está ocurriendo “del otro lado”.

Centros educativos rígidos que pretendan determinar que todos los individuos hagan lo mismo, aprendan de la misma forma idénticos contenidos, que ignore la importancia de la integración y del lazo social no sólo en el aprendizaje sino también en la capacidad de una nación para ser y funcionar como tal, no sólo van a continuar generando deserción sino que no permitirá reconstruir este país.

Nuestros jóvenes no pueden permanecer en el ambiente de desánimo y apatía que ya sienten frente a la propuesta educativa actual.

Debemos asumir como actos políticos

-       la decisión de que los niños y adolescentes estén o no dentro de los centros educativos, sea cual sea su origen y las diferencias entre ellos

-       brindarles o no posibilidades diversas según sus intereses, necesidades y códigos desarrollados que en definitiva es lo que les permitirá permanecer

-       aportar o no a todos herramientas para la vida laboral y para la vida cotidiana que mejoren la calidad de vida y las posibilidades de trabajo

 

“La escuela se presenta (dice Graciela Frigerio) como la institución proveedora de derechos, del derecho a participar del “progreso” y a recibir la confianza del otro. La idea de progreso tiene aquí un sentido particular, no es el progreso entendido como ascenso social, sino como posibilidad de despegue a la fatalidad de origen. Para estos jóvenes, participar de la cultura escolar implica apropiarse de los códigos necesarios para dialogar con el mundo.

Al parecer, la escuela no sólo funciona como el umbral mínimo de reconocimiento social sino también como el soporte afectivo que viene a suturar relaciones primarias profundamente quebradas (violencia familiar, padres sin trabajo, abandonos, etc.).”

“Lo que encontramos en circuitos de pobreza y en los umbrales del siglo XXI son grupos de jóvenes que buscan en la escuela el lugar de la reparación de vínculos primarios fracturados. (…) en el seno de un contexto altamente fracturado, la escuela funciona como sostén del sujeto, como mirada constitutiva.”

 

 

Pero no sólo pensando en la pobreza debemos entender el rol reparador de lazos sociales rotos o la necesidad de crear espacios de integración, sino también desde la visualización del funcionamiento de las sociedades actuales, donde las estructuras familiares y laborales hacen que nuestros niños y adolescentes se encuentren mucho menos atendidos y acompañados en sus procesos por los adultos,  cuenten con menos referentes institucionales y sociales con poder de aglutinar, de dar sentido a la vida, de generar expectativas compartidas, de dar otras opciones al consumo y al individualismo. La sociedad toda está demandando mayor contención social para los adolescentes y para los niños y los centros educativos no pueden ser ajenos a ello.

 

CAMBIAR LA CONCEPCIÓN DEL ROL DE LOS CENTROS EDUCATIVOS

 

Los genes (nos dan capacidades potenciales a ser desarrolladas) y el ambiente (permite o no que esas capacidades se desarrollen y/o expresen) se conjugan permanentemente para hacer de cada individuo un ser único e irrepetible. Generar ambientes educativos es crear espacios que permitan a todos los niños y adolescentes (más allá de lo que el ambiente ha condicionado y permitido en cada uno) desarrollar al máximo sus diversas potencialidades y sus múltiples posibilidades de ser.

 

“La escuela, entendida como espacio capaz de forjar subjetividades en clave disciplinaria, se halla cuestionada actualmente” , nos dice Silvia Duschatzky.

 “La escuela (centro educativo) ha estallado como espacio de intercambio social pensada en la lógica en que fue fundada”. ”Estar hoy en una escuela es estar expuestos a lo imprevisto y a lo insólito. (…) , si en algún tiempo fue capaz de forjar a su habitante, hoy es un espacio tomado por presencias heterogéneas pasibles de ser pensadas en configuraciones múltiples y contingentes.”

 

Silvia Duschatzky nos propone pensar a los centros educativos como lugares plásticos, con capacidad de adaptarse a la heterogeneidad que habita nuestras aulas y a abandonar esa sensación de desborde y de “no puedo” que nos está provocando la realidad educativa (“escuela inundada”).

“No se trata entonces, a los ojos de la desencantada subjetividad pedagógica, de dar por agotadas las potencias de afectación social de la escuela, sino de advertir cuáles son los modos proclives a producir afecciones activas.”

“Una escuela hecha de fluidos nos invita a ensayar múltiples formas de agenciamiento, mientras que una escuela inundada limita toda capacidad inventiva de composición social, aferrándonos a la nostalgia de lo perdido y a la obsesión por su restitución”.

Es indispensable “la confianza en que algo es posible de desplegar. En el otro radica siempre una potencia. El docente es aquél capaz de activar el poder en los otros.”

 

Es también un acto político entonces ver a las escuelas y liceos como espacios donde los individuos pueden no sólo desplegar sus múltiples posibilidades de ser en base a distintas ofertas de identidad sino también integrarse socialmente, encontrando así la contención que empuje hacia otras formas de andar y de valorar lo colectivo. Las instituciones educativas deberían ser referentes culturales para revertir los procesos de disgregación social que tanto daño hacen a nuestro país desde hace décadas. Quizás sea viable fortalecer así una renovada identidad cultural.

 

 “Educar puede entonces conjugarse en dos registros intrincados: el de la construcción de condiciones para el lazo social y el que podría identificarse como encontrar un destino a una pulsión identitaria, y ofrecer una ocasión (al modo de un objeto transicional) para la pulsión epistemofílica.” (Graciela Frigerio)

 

 

TRES EJES PARA LA ACCIÓN EDUCATIVA HOY:

 

“Si no hay un cambio significativo en el modo cómo docentes y alumnos viven y trabajan juntos, cualquier cambio significativo en las escuelas será ilusorio.” Elliot W. Eisner (1)

 

·       Crear vínculo social, integrar, promover lo colectivo:  Es necesario generar espacios no formales dentro de las instituciones educativas donde sean posibles nuevas formas de relacionamiento, cambios de roles, juegos, recreación, trabajos compartidos (de proyección social como forestación de zonas de la ciudad, hacer papel reciclado, quintas, etc.), de reflexión guiados por sicólogos sociales.  Se trata de socializar, de dar sentido de pertenencia a un grupo, de integrar, de contener emocionalmente, con aplicar valores en la práctica. Esto no se logra con 30 o 40 alumnos sentados en sus bancos y un profesor dando pautas de trabajo delante. Deberían ser talleres optativos, sin “pasar lista”, cogestionados con los estudiantes se incorporarían distintas posibilidades según consenso entre docentes, estudiantes y direcciones liceales.

·       Desarrollar las múltiples potencialidades que poseen la diversidad de seres que deben estar en las aulas (“menos mediciones y más estímulos”): una propuesta educativa que incluya de una forma menos rígida la posibilidad de explorar y formarse en todas las áreas del conocimiento, revalorizando lo corporal, lo artístico, lo manual, la resolución de problemas cotidianos, las habilidades para desenvolverse en lo laboral (sin tener que optar con 12 o 15 años específicamente por le enseñanza técnica).

·       Actualizar las estrategias de enseñanza introduciendo no sólo las tecnologías en que navegan nuestros alumnos diariamente, sino formas móviles e integradas de aprender que rompan la compartimentación del conocimiento, el aislamiento de los docentes (tanto respecto a los demás docentes como respecto a la realidad del productivo e industrial) y la pasividad de los alumnos. Trabajar juntos dos o más docentes de diferentes asignaturas, salir del centro educativo a observar y entender procesos industriales o productivos, realizar trabajos de investigación, trabajar en proyectos contextualizados al medio, acceder a lo que realizan centros universitarios, y sobre todo romper el monótono formato de que para que exista aprendizaje deben estar los alumnos sentados en los bancos escuchando a un profesor dueño del conocimiento, y de que un lugar de aprendizajes es aquel en que los tiempos transcurren con una monótona cadencia de clases.

 

En esta reflexión participaron: Leticia Cardama, Virginia Piedra Cueva, Daniela Díaz, Sirley Melgar, Silvia Torterolo, Elena Ramos, Sergio Pais, Ariel Scuarcia,

 

 

 

 

 

 

 

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