Montevideo, setiembre de 2006.
Propuesta
para el Debate Educativo
Quienes suscriben el presente documento,
cristianos evangélicos representantes de: instituciones educativas, docentes de
instituciones públicas y privadas, padres, representantes de Institutos
Teológicos, profesionales de la salud y del derecho y de la comunidad cristiana
evangélica, se presentan y expresan:
- en primer
lugar su agradecimiento por la convocatoria realizada sin precedentes en la educación nacional ofreciendo la
posibilidad de participar en la elaboración de la futura ley de educación, como
cabe esperar en un gobierno democrático.
- en segundo
lugar que el trabajo es el resultado de las asambleas sectoriales realizadas en
respuesta al llamado efectuado por la Comisión Organizadora del Debate
Educativo, en las cuales se designaron para la elaboración de la presente
propuesta a los docentes Gustavo Araújo, Gladys Camargo, Elizabeth Flores y la
Doctora Grisel Pereyra, abogada.
2. Justificación de la
propuesta
2.1. Realidad
educativa nacional
La educación nacional no
escapa a la fuerte crisis que vive el país actualmente. Esta crisis que
comprende varios aspectos (económico, social, moral, y espiritual) afecta al
sistema educativo en su conjunto (instituciones, personal, infraestructura). Al
contemplar nuestra realidad educativa se advierte un creciente desinterés en
relación con el currículo, metas, falta de responsabilidad, etc. Existe un
desánimo generalizado que afecta en forma directa a los adolescentes con
respecto al futuro; éste afecta aún a los adultos y por tanto a las familias,
si las mismas están en crisis, la sociedad toda, también lo está. Convivimos con niños y jóvenes que no conocen límites. Se han enfatizado
mucho sus derechos, legítimos, sí, pero se han descuidado sus responsabilidades
y deberes. La falta de respeto de los educandos hacia los educadores no es
debidamente atendida por la familia y se evidencia en sus actitudes. Esto
facilita el socavamiento del principio de autoridad, ya que en el imaginario
colectivo de los adolescentes, las autoridades “son malas porque siempre están
en su contra”.
Consecuencia de lo cual han
aumentado los índices de deserción del sistema educativo, emigración del país y
lo más grave, la tasa de suicidio que, como lo demuestra la siguiente
estadística, desde el año 1985 al presente se ha prácticamente duplicado.
|
Años |
|
Casos |
|
Tasa Bruta de Mortalidad |
|
|
|
de suicidio |
|
(por 100.000) |
|
1985 |
|
288 |
|
9,6 |
|
1986 |
|
265 |
|
8,8 |
|
1987 |
|
260 |
|
8,5 |
|
1988 |
|
269 |
|
8,8 |
|
1989 |
|
345 |
|
11,2 |
|
1990 |
|
319 |
|
10,3 |
|
1991 |
|
392 |
|
12,5 |
|
1992 |
|
396 |
|
12,6 |
|
1993 |
|
420 |
|
13,2 |
|
1994 |
|
409 |
|
12,8 |
|
1995 |
|
429 |
|
13,3 |
|
1996 |
|
401 |
|
12,4 |
|
1997 |
|
462 |
|
14,2 |
|
1998 |
|
525 |
|
16,0 |
|
1999 |
|
456 |
|
13,9 |
|
2000 |
|
565 |
|
17,1 |
|
2001 |
|
505 |
|
15,3 |
|
2002 |
|
692 |
|
20,9 |
|
2003 |
(*)
(1) |
543 |
|
16,4 |
|
2004 |
(*) |
530 |
|
16,1 |
Fuente: Ministerio
de Salud Pública. División Estadística. Defunciones por causa.
Instituto Nacional
de Estadística. Estimaciones y Proyecciones de la Población (versión 2005).
(1)
: Las cifras han sido revisadas por la
fuente.
Las soluciones a esta
inquietante realidad no deben ser meramente reactivas, sino deben tener la
misma profundidad de las demandas.
Durante gran parte del siglo XX se siguieron buscando
los fundamentos de los principios morales en la razón, desechando cualquier
tipo de absolutos. Esto ha provocado que vivamos inmersos en un relativismo
moral, que no sólo ha puesto en duda la existencia de valores absolutos, sino
que ha afectado la estabilidad de cualquier sistema de valores.
¿Sobre qué sistema de
valores se sustenta nuestra sociedad actual y por ende, nuestro sistema
educativo, para formar las generaciones futuras?
2.2. Antecedentes históricos: Reforma vareliana
A más de ciento veinte años
de la Reforma Educativa, impulsada por José Pedro Varela, su pensamiento nos
comienza a dar respuesta a la gran interrogante antes planteada, cuando dice:
“Las Repúblicas americanas se han agitado
siempre heroicamente en busca de la libertad, y han creído dar un paso hacia
ella cuando han conseguido copiar las leyes de pueblos que como los Estados
Unidos marchan al frente de la moderna
civilización, sin fijarse en que no son las leyes las que hacen que los hombres
sean buenos ciudadanos, sino los ciudadanos lo que hacen buenas esas mismas
leyes. No es letra muerta la que es necesario reformar, sino las costumbres,
las creencias, los hombres a quienes esas leyes van a regir...”
(La Revista Literaria. Año 1, Nª 48, marzo 25 de 1866)
“Es en la sociedad misma, en su
constitución, en sus hábitos, en su educación y en sus costumbres donde deben
buscarse las causas permanentes y eficientes de la felicidad o la desgracia de
los pueblos”
(VARELA, José Pedro, La Legislación Escolar,
Biblioteca Artigas, Colección Clásicos Uruguayos, Ministerio de Instrucción
Pública, Montevideo, 1964, tomo I, Volumen 51, p. 28)
Como fundamento de la reforma
educativa Varela enunció los principios básicos sin los cuales no podría
cumplirse su cometido : universalidad, obligatoriedad, gratuidad y laicidad,
(ésta en la “Educación del pueblo” bajo el título de la Enseñanza Dogmática).
A la integración de su pensamiento
concurrieron dos grandes corrientes educacionales del siglo XIX: la educación
popular y la educación científica. La primera, universalizada desde la primera
mitad del siglo XIX, y la segunda originada en la segunda mitad y en lucha
todavía para abrirse paso cuando Varela elaboraba su ideario y lo ponía en
acción.
Ubicado en la confluencia
histórica de ambas, Varela realiza sobre la marcha su síntesis, de la
que resultará todo el sentido profundamente innovador de su obra teórica y
práctica; su gran reforma (1876-1879),
que no sólo estará dirigida a la escuela sino también a la Universidad y en
cierto modo a la inteligencia nacional.
En lo referente a la religión, evolucionó rápidamente dentro del deísmo,
asumiendo una actitud negadora respecto a la religión católica imperante en la
época.
Señalan Yamandú Acosta y Elsa Gatti que :
“…ese eje racionalista de
intelección de la realidad integrado a la base romántica dentro de una cosmovisión religiosa, se traduce en una
profesión de deísmo racionalista con una consecuente valoración de la
religiosidad, una ruptura radical con
el catolicismo, un profundo anticlericalismo y una continuidad con los valores
cristianos en su expresión originaria, cuya aparición significó un cambio cualitativo en la historia de la humanidad y cuya progresiva realización
histórica constituye el motor y el vector del progreso en la optimista
filosofía de la historia de Varela”.
2.3. Reconceptualización del término
laicidad.
Entendemos que las ideas sostenidas por Varela sobre la educación nos llevan a tratar el tan discutido término
de laicidad. Nos compete entonces precisar el término laicidad. Al respecto
hemos tomado como fuente inobjetable las ideas de la maestra y pedagoga Reina Reyes, plasmadas en su libro “El
derecho a educar y el derecho a la educación”.
La palabra laicidad ha tenido la
cualidad viva de modificarse y crecer en la vida del pensamiento, para tener
actualmente un contenido ideológico identificable con el espíritu del humanismo
en lo que éste supone respecto a la diversidad de lo humano. El término laico del cual proviene, deriva de laos que significa pueblo, pueblo no jerarquizado en oposición al klero que en griego
designa a la clase detentora de ciertos
privilegios sancionados por la
costumbre o por la ley.
Por extraño que en nuestros días pueda parecer, la revolución cristiana,
que rompió los cuadros del orden establecido en el Imperio Romano, fue, en su hora inicial, laica y anticlerical en
el sentido enunciado de estos términos. Mas, al detentar el poder la Iglesia
Católica se hizo clerical y el término designó a quien no pertenecía al clero,
pero estaba sometido a la autoridad de éste. Con este sentido se sigue usando
el término laico en la literatura católica para referirse a las personas que
profesando esa religión no tienen órdenes religiosos.
Del término laico derivó la
palabra laicismo, que denomina a la
doctrina que defiende al hombre y a la sociedad civil de las influencias
eclesiásticas (de la iglesia) porque considera a las religiones y a los cultos
como fenómenos ajenos al Estado. El laicismo generó el dualismo entre la
sociedad civil y la religiosa y con ello provocó la actitud hostil de los
representantes de la Iglesia Católica que gozaban de grandes privilegios en aquellos países en los cuales el
catolicismo era la religión del Estado. La hostilidad se acentuó cuando el
laicismo tuvo como consecuencia la supresión de la enseñanza religiosa en las
escuelas públicas. El laicismo dio su origen al Estado laico que reconoce la
multiplicidad de concepciones de vida y mantiene una posición neutral con
respecto a ellas, garantizando el libre ejercicio de todos los cultos, sin
reconocer un culto oficial, evitando con ello toda intromisión de la autoridad
religiosa en la vida civil.
Laicizar es hacer una institución independiente del poder
religioso.
Las palabras derivadas de laos que hemos analizado, están incluidas en
el Diccionario de la Real Academia y no así el término laicidad que es un
neologismo.
Como consecuencia de la lucha ideológica entre quienes fueron contrarios
al laicismo y quienes lo defendieron para liberar a la sociedad civil del
dominio de la Iglesia, es corriente que se interprete la laicidad como ateísmo o antirreligiosidad. Pero el sentido
del término laicismo que supuso pensamiento y acción para oponerse a una
determinada religión y a sus enseñanzas en los dominios del estado, no
corresponde al término laicidad. La tradición que pesa sobre esta palabra hace
que algunos partidarios de la laicidad -en estado espiritual opuesto a la
religión católica- para defenderla utilicen modos de lucha que son contrarios a
su verdadero espíritu.
Laicidad no es ateísmo ni antirreligiosidad. Laicidad es
libertad, libertad despojada de las intenciones agresivas que frecuentemente
desnaturalizan el sentido del término.
La laicidad responde al espíritu del
humanismo que proclama la dignidad de la persona humana, respeta la
individualidad de cada hombre concreto y, por lo mismo, deja los valores, en
los dominios de la filosofía, de la religión y del arte, a la libre elección
personal. La laicidad así entendida no queda restringida a lo que dice relación
con las religiones, hecho éste que es muy importante destacar en esta hora en
que los dogmas políticos impuestos por determinados Estados o por asociaciones
de individuos fanatizados configuran un enorme riesgo para la autonomía de la
persona y para las libertades sociales. La laicidad supone un ideal de
convivencia basado en el respeto a la persona e implica una actitud opuesta a
toda presión coercitiva para el pensamiento y para los sentimientos
individuales en los dominios de la religión, de la política o de la filosofía.
La laicidad es un elemento esencial de las
democracias instituidas y resulta fácil establecer la similitud entre el contenido de las palabras “laicidad y democracia” cuando ésta se entiende como
forma de vida.
El orden democrático supone el
reconocimiento de los derechos y libertades individuales y la acción para
hacerlos efectivos.
La libertad de pensamiento para proyectarse
en la vida social reclama libertad de expresión, pero ambas son diferentes. La
democracia supone libertad de pensamiento y de expresión más la correlativa
obligación de respetar esas libertades de los otros. Ahora bien, para Reina Reyes, este juego de libertad y de respeto
a la libertad en el orden de pensamiento, esta relación de derecho y de deber,
es lo que constituye la LAICIDAD. La LAICIDAD es la proyección de la libertad
de pensamiento en relaciones sociales de igualdad.
En el plano de lo humano el ideal de laicidad reclama una actitud laica que, en una nueva
significación del término laico, es “una actitud intelectual y moral por la
cual la persona realiza su autonomía en relaciones recíprocas con otras
conciencias”. Quien exige para sí el derecho de pensar y sentir libremente
reconociendo en los otros el mismo derecho, es laico.
3. Marco
legal
Si nos remontamos a nuestra historia constitucional, vemos que nuestra
primera Constitución de 1830 en su artículo 5º
establecía:
“La religión del Estado es la
Católica Apostólica Romana.”
Posteriormente en la reforma de 1917
se modifica el articulo citado expresando que: “Todos los cultos
religiosos son libres en el Uruguay. El Estado no sostiene religión alguna.
Reconoce a la Iglesia Católica el dominio de todos los templos que hayan sido,
total o parcialmente, construidos con fondos del Erario Nacional, exceptuándose
sólo las capillas destinadas al servicio de asilos, hospitales, cárceles u
otros establecimientos públicos. Declara, asimismo, exentos de toda clase de
impuestos a los templos consagrados actualmente al culto de las diversas
religiones”, redacción que se mantiene hasta el presente.
El artículo 40 de nuestra Carta Magna expresa: “... el Estado velará por
su estabilidad moral y material (referido a la familia) para la mejor formación
de los hijos dentro de la sociedad”.
El artículo 41 de la misma establece que el cuidado y educación de los hijos para que éstos
alcancen su plena capacidad corporal, intelectual y social, es un deber y un
derecho de los padres.
En
el artículo 68 la Constitución garantiza la libertad de enseñanza, y
establece “ todo padre o tutor tiene derecho a elegir, para la enseñanza de sus
hijos o pupilos, los maestros e instituciones que desee”.
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre, aprobada en 1948 en
París por las Naciones Unidas, expresa que «los padres tienen derecho
preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos».
La Convención
Americana sobre Derechos Humanos (denominada Pacto de San José de Costa Rica
del año 1969), que fue ratificada por nuestro país en el año 1985,
convirtiéndose en la ley 15.737, declara que «los padres, y en su caso, los
tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación
religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones».
4. Conclusiones
De todo lo expuesto extraemos
las siguientes conclusiones:
-
por un lado que no
obstante haberse constituido el Estado laico, no se efectivizó el verdadero
espíritu de la laicidad en tanto no se brindaron las oportunidades a la
diversidad de creencias en la enseñanza pública;
-
por otro lado, tampoco
se efectivizó el derecho de los padres o tutores a elegir la enseñanza que
deseen para sus hijos, ya que la elección de los padres, muchas veces, está
determinada por el factor económico
impidiéndoles ver cristalizadas sus expectativas, hecho ése que es violatorio
de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Pacto de San José de Costa Rica, ambas normas
obligatorias en nuestro país como derecho vigente.
·
Respecto a los
antecedentes históricos de nuestro sistema educativo centralizados en el
pensamiento del reformador José Pedro Varela, citamos los siguientes textos:
“Hay hombres que se convierten en idea, que
se hacen luz y que por doquiera que pasan dejan un rastro luminoso. Francisco
Bilbao era uno de esos hombres.
Continuar en América la obra de Michelet y
Quinet que habían empezado en Francia;
exhumar el cadáver de Cristo, sepultado durante tantos años bajo la inmensa
capa de las preocupaciones; difundir el verdadero espíritu de los Evangelios y
hacer de ese espíritu la ley suprema de las naciones; trazar en el vasto cuadro
del pensamiento americano, la valla inmensa que separa al catolicismo del
cristianismo, y mostrar que el uno es la negación de todos los derechos , la
anulación del individuo, el rompimiento de todos los verdaderos vínculos sociales, la explotación del débil por el
fuerte, del ignorante por el erudito, del pobre por el rico, del creyente por
el sacerdote, del laico por el seglar, y que el otro es la proclamación de toda
verdad, el reconocimiento de todo derecho, la rehabilitación de toda justicia
hollada, de toda virtud profanada; predicar incesante la separación de la
Iglesia y del Estado, como base de todo progreso, y la unificación del
ciudadano y del creyente como elemento primordial de toda democracia; dejar en
los surcos del pueblo la semilla del porvenir, y presentar a los hombres como
la carta constitucional de todas las conciencias, los Evangelios: he ahí la
misión de Bilbao.
El
hombre ha muerto; ¿habrá muerto también la doctrina? ¿Habrán sido inútiles
tantos sacrificios soportados, tantos dolores sufridos, tanta abnegación y
tanto entusiasmo?
……………………………
“El cristianismo verdadero al contrario, hace del hombre una materia
divinizada. Sale de la sombra para ir a la luz; del mal para ir al bien; cada
paso que da lo aproxima a su ideal, por eso marcha rápidamente. Sin pasado que
lo halague, el cristianismo es el nacer que empieza recién a vivir…”
(El Siglo, 15 de diciembre de 1866,
Citado por A, Ardao, págs. 230- 233)
“Dichoso el pueblo cuyo código sea
el Evangelio; cuya injusticia y cuya norma, sean la verdad que brota de sus
sublimes páginas!
El
Evangelio puro, en que se encuentra el verdadero Espíritu de Cristo: no el
Evangelio de fracciones y de opresión que nos muestran la iglesia y el
sacerdocio católicos”
(DE LA REFORMA RELIGIOSA. La revista
Literaria. Año 1,Nº 4, Mayo 28 de 1865)
De los citados pensamientos
concluimos que Varela adhería a una enseñanza basada en principios bíblicos,
atendiendo así al aspecto espiritual del individuo que una enseñanza integral
debería comprender.
Entendemos que este aspecto se ha ido descuidando paulatinamente hasta
llegar a la crisis moral y espiritual que enfrentamos hoy, donde nuestros
jóvenes buscan llenar ese vacío recurriendo a las drogas, alcohol, sexo,
suicidio ...
Respondiendo
a la interrogante planteada al comienzo del presente trabajo, sostenemos que no
es posible enseñar valores desde un vacío filosófico y religioso. Los valores
que tanto promovemos como la solidaridad, la honestidad, el respeto, el amor
..., no se pueden trasmitir como conceptos abstractos sino basados en
principios bíblicos.
5.
Nuestra propuesta es:
-
que la futura ley de educación incluya la educación en
valores cristianos basados en principios bíblicos,
-
que la misma sea implementada en un plan piloto de
carácter nacional, de por lo menos cuatro años de duración, en los centros de
enseñanza pública de primaria y ciclo básico de diferentes contextos sociales,
-
que esta enseñanza sea incluida como asignatura opcional
(a solicitud expresa de los padres o tutores) y efectuada en el mismo local en
forma inmediata a la finalización de la jornada educativa,
-
que los docentes y profesionales necesarios para la
implementación de este plan piloto serán ofrecidos por la comunidad evangélica,
el cual será evaluado durante y al finalizar el período de cuatro años,
-
que oportunamente, a solicitud de las autoridades
pertinentes, se presentará el proyecto para la implementación de la asignatura
propuesta.
Consideramos que nuestra propuesta es viable
basándonos en la propuesta de Varela (la que nunca llego a plasmarse en nuestro
sistema de educación pública, debido a la errónea interpretación del concepto
de laicidad), la que consistía en que:
a)
la enseñanza
religiosa no puede ir en mengua de las otras materias;
b)
debe darse
fuera de las horas de clase, siempre que haya un padre que lo solicite por
escrito;
c)
no podrá
obligarse a ningún niño a recibirla contra la voluntad de sus padres.
En apoyo a la tesis planteada mencionamos:
-
en primer lugar, los ejemplos
de países latinoamericanos, que siendo estados laicos, contemplan en sus
Constituciones y/o legislación vigente, la opción de la enseñanza religiosa en
el sistema educativo público, como es el caso de Brasil, Chile, Colombia,
Paraguay y Perú;
-
en segundo lugar, el concepto
de laicidad de nuestro Presidente, Doctor Tabaré Vázquez, vertido en discursos
pronunciados y hechos públicos por diferentes medios de prensa, los cuales se
transcriben parcialmente.
“Señores:
¿De qué hablamos cuando hablamos de laicidad?...
... Señores: En nuestra opinión, la
laicidad es un marco de relación en el que los ciudadanos podemos entendernos
desde la diversidad pero en igualdad.
La laicidad es garantía de respeto al
semejante y de ciudadanía en la pluralidad.
O dicho de otra manera: la laicidad es
factor de democracia.
Y si la democracia es, entre otras
cosas, dignidad humana, autonomía y capacidad de decisión, la laicidad es
generar las condiciones para que la gente decida por sí misma en un marco de
dignidad.
Desde esa perspectiva, la laicidad no
inhibe al factor religioso.
¡Cómo va a inhibirlo si, al fin y al
cabo, el hecho religioso es la consecuencia del ejercicio de derechos
consagrados en tantas declaraciones universales y en tantos textos
constitucionales!
La laicidad no es incompatible con la
religión; simplemente no confunde lo secular y lo religioso.
«Si fuera tan simple no habría tanta
polémica», estarán pensando en este preciso instante varios de ustedes. Es
verdad: la polémica existe...
... Se falta a la laicidad cuando se
impone a la gente.
Pero también se falta a la laicidad cuando
se priva a la gente de acceder al conocimiento y a toda la información
disponible.
La laicidad no es empujar por un solo camino y
esconder otros. La laicidad es mostrar todos los caminos y poner a disposición
del individuo los elementos para que opte libre y responsablemente por el que
prefiera.
La laicidad no es la indiferencia del
que no toma partido.
La laicidad es asumir el compromiso de
la igualdad en la diversidad.
Igualdad de derechos, igualdad de
oportunidades, igualdad ante la ley, igualdad ante la vida…
Señores: Desde esta perspectiva creo
que en materia de laicidad los uruguayos hemos hecho mucho, pero no hemos
hecho todo.” (negritas de los redactores)
Lo que queda por hacer en materia de laicidad hemos de hacerlo entre todos,
cada uno desde su propia identidad, y en diálogo con un proyecto de país con el
cual todos podamos sentirnos identificados y en cuya construcción todos nos
involucremos.
Tenemos la firme convicción que,
de otorgarse la oportunidad solicitada, podremos ver verdaderos cambios en los jóvenes de hoy, hombres y
mujeres del mañana, lo que contribuirá a la restauración de la familia, y a
ésta como base de la sociedad, según lo establece el artículo 40 de nuestra
Constitución.
“La filosofía educativa de una generación
será la filosofía de gobierno de la próxima generación” Abraham Lincoln.
Saludan atentamente,
Maestro
Gustavo Araújo Maestra Gladys Camargo
Dra. Grisel
Pereyra Profesora
Elizabeth Flores
Abogada
Apoyan:
Pastor
Alejandro Wojnarovicz
Director de la Facultad Latinoamericana de
Estudios Teológicos
Doctor Jorge
Patpatian
Director de
Asociación Cristiana Uruguaya de Profesionales de la Salud