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PALABRAS DEL PRESIDENTE DE LA
REPÚBLICA, TABARÉ VÁZQUEZ EN OCASIÓN DE ABRIR EL CONGRESO NACIONAL DE
EDUCACIÓN
PRESIDENTE VÁZQUEZ: Queridas uruguayas, queridos uruguayos, estimadas
amigas y estimados amigos, autoridades nacionales y representantes del
amplio arco de instituciones vinculadas a la actividad educativa. Como
Presidente de la República, como profesional formado del sistema educativo
de este país, como ex docente universitario, y sobre todo como ciudadano
uruguayo, les agradezco haberme invitado al acto de apertura de este
Congreso Nacional de Educación. Les agradezco también la generosidad con
que me han recibido.
Invitación y generosidad que quiero corresponder con una intervención
breve. No solo porque soy el último orador y quienes me han precedido han
hecho excelentes exposiciones, si no también porque etimológicamente el
vocablo "Congreso" viene de una voz latina que refiere a
"reunirse y caminar juntos", lo cual poco tiene que ver con estar
sentados escuchando discursos.
Amigas y amigos, este Congreso tiene antecedentes concretos. Responde a
una propuesta que hicimos cuando aspirábamos a ser Gobierno y que ya en el
Gobierno asumimos como un compromiso. Creo que es bueno resaltarlo pues la
memoria y la coherencia nunca están de más.
También es bueno resaltar que este Congreso aparte de antecedentes,
tiene cimientos. Esos cimientos son las 713 asambleas territoriales
realizadas en todo el país, en el marco del Debate Educativo que abarcó
varios meses del presente y del anterior año.
Asambleas en las cuales miles de uruguayos preguntaron, opinaron y
propusieron, y en cuya representación están aquí muchos de ustedes.
Cimientos son también las 157 organizaciones que participaron en 32
encuentros sectoriales y presentaron numerosos e interesantes aportes sobre
temas tales como: educación física, educación ambiental, educación en
derechos humanos y en igualdad de género, formación docente, educación
privada, educación policial y militar, promoción de la lectura, etcétera.
Se trata de instituciones vinculadas de una forma u otra a la actividad
educativa, también representadas en este Congreso, desde el Consejo de
Rectores del Sistema Universitario al PIT-CNT, pasando por las Asamblea
Técnico Docentes, los gremios estudiantiles, asociaciones de profesionales,
organizaciones no gubernamentales, etcétera.
Cimiento es también –maestro Soler- la Comisión Organizadora del Debate
Educativo y la labor por ella realizada.
A todos quienes la integraron sin excepción alguna y por encima de
circunstancias y matices, nuestro profundo reconocimiento.
Pero justo es decirlo, además de antecedentes y cimientos, este Congreso
tiene un horizonte. Ese horizonte es el Uruguay que queremos y que podemos
construir, no es una línea en lontananza, es un objetivo necesario y alcanzable
democrática y progresivamente.
Amigas y amigos, ustedes lo saben: la educación es mucho más que un
asunto de programas, matrículas y escolaridad; la educación es la fuente
básica de las competencias y capacidades que requieren las personas para:
1- Formarse como individuos; 2- Para prepararse profesionalmente; 3- Para
insertarse en la sociedad.
La educación es una opción estratégica en el desarrollo de la sociedad.
Siempre lo ha sido, pero lo es muy marcadamente en estos tiempos de
sociedad del conocimiento en una globalización tan riesgosa como
auspiciosa.
Y en estrecha relación con lo anterior, la educación es un derecho
fundamental y universal que los poderes públicos deben garantizar.
Su extensión a todos los ciudadanos en condiciones de calidad es el
fundamento más sólido para el desarrollo económico y social y el
funcionamiento de la sociedad.
Por lo tanto, la educación en el Uruguay del Siglo XXI aparte de ser
para todos, también tiene que ser igualmente buena para todos los
uruguayos.
Aunque expreso la posición del Gobierno, y de la inmensa mayoría de los
uruguayos, permítanme decirlo en primera persona del singular, así como me
resisto a categorizar la cultura en: "para pobres" y "para
ricos", también rechazo la idea de una "educación para
pobres" y otra "educación para ricos"; porque una cosa es
ser diferentes y otra es ser desiguales.
Y permítanme agregar que debemos garantizar, al mismo tiempo, la
igualdad de oportunidades para acceder a la educación y al mayor grado de
calidad en la misma, porque sin igualdad no hay calidad y sin calidad no
puede hacerse efectiva la igualdad.
Ustedes saben, también, que a nuestra gente, a nuestro querido pueblo
hay que protegerlo. Hay que proteger a la gente de la enfermedad, del
delito y del desamparo, por cierto. Pero también hay que protegerla de la
incertidumbre que provoca el no tener oportunidades de integrarse social y
productivamente en un proyecto de país que signifique mejorar su vida y la
de sus semejantes.
En tal sentido, el sistema educativo es un componente fundamental del
sistema de protección social; más que por los diplomas que expide, por lo
que enseña a hacer y, fundamentalmente, por lo que enseña a ser.
El bienestar, como el desarrollo o la democracia, en tanto régimen de
Gobierno y estado de la sociedad, no se decretan, son construcciones
ciudadanas, porque son los ciudadanos -ustedes, nosotros, todos- los que
hacen, los que hacemos, la sociedad; a la sociedad no la hacen los
consumidores, ni la audiencia, ni la grey, ni la teleaudiencia, ni las
masas. Un país y una Nación la hacen sus ciudadanos. Y en eso estamos.
Amigas y amigos, si se me preguntaran tres razones por las cuales
adjudico importancia fundamental a este Congreso Nacional de Educación,
respondería lo siguiente:
1- Porque la temática que lo convoca hace a la sustancia del Uruguay
como proyecto nacional;
2- Porque está animado por una voluntad de cambios para mejorar el
sistema educativo del país;
3- Porque es profundamente democrático y participativo.
Y agregaría que por estas tres grandes razones, confío en que de este
Congreso Nacional de Educación, saldrán insumos que serán de enorme
utilidad para las Autoridades de la Enseñanza, para el Gobierno Nacional y
el Parlamento Nacional a la hora de decidir, diseñar e instrumentar esa
opción estratégica que es la Educación.
Así, entre todos, con la paz de las palabras y la democracia como lengua
materna, iremos completando la construcción de esa casa común que es el
Uruguay, porque de eso se trata, y en eso estamos.
Ya que por lo que dije al principio de esta intervención, aquí entre
ustedes no me siento ni extraño ni ajeno, quiero confesarles algo. Yo soy
Presidente de la República por la misma razón que soy médico. Es una razón
que observé en las pequeñas grandes cosas que hacen a la vida de la gente
humilde, como fueron mis padres, y que respiré en el aire de nuestra muy
humilde casa en el barrio de La Teja.
Es una razón que aprendí en la vieja escuela Yugoeslavia Nº 104, de 2º
grado allá en Carlos María Ramírez y Humboldt, y que aprendí en el viejo y
querido liceo Nº 11 del Cerro. Esa razón es que la gente tiene que vivir
dignamente y que para ello tiene que vivir mejor. Así de sencillo.
Alguien podrá opinar que como razón es poco ideológica, escasamente
política, científicamente rudimentaria, etcétera. Está en todo su derecho a
hacerlo, puede ser, es discutible.
Pero ahora asumiendo que como razón es más emotiva que ideológica y
política, la vida también es emoción. Y ésta, la que estamos viviendo hoy
aquí, entre todos nosotros, es una hermosa emoción que hoy particularmente
quien habla deseaba compartir con todos ustedes.
Muchas gracias y buen trabajo.
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